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La tesis doctoral fue su primera experiencia laboral. Pero en lugar de recibir el apoyo y la formación que necesita cualquier persona inexperta por parte de sus superiores, sólo recibió presión para obtener resultados. Por ello se alegró cuando contrataron a un nuevo postdoc para trabajar con ella. Él contaba con muchos más años de experiencia, así que ella vió en él a un profesional que podría enseñarle y ayudarle a crecer. 

Con el tiempo, la actitud del postdoc cambió de manera sutil pero constante. Empezó a hacer comentarios controladores y autoritarios como “nunca podrás conseguir una tesis sin mi”; le exigía información sobre su tiempo libre e incluso le escribía a altas horas de la noche diciéndole que pensaba mucho en ella. Ella no entendía porqué se comportaba así; se sentía realmente confundida e incómoda.

Cuando ella intentó hablar con él para solucionar el problema, el postdoc justificó todas sus acciones anteriores diciéndole que quería estar cerca de la joven porque tenía sentimientos hacia ella. Aunque ella le dejó claro que nunca estaría interesada y que él debía parar de comportarse así con ella, él comenzó a buscar momentos a solas con la joven y a hacerle pedidos forzosos: intentaba abrazarla, cogerle de la mano, besarla… Llegó a pedirle a ella que por un tiempo no tuviera relaciones con su pareja, e incluso le iba preguntando si las tenía. Ella sentía repulsión ante tal situación. Después de estas escenas, él le pedía disculpas y se justificaba diciendo llorando que estaba pasando por un momento difícil, por lo que llegaba a conseguir que la joven sintiera la responsabilidad de tener que darle ánimos. Lejos de ayudarle en su tesis, esta situación hacía que ella se sintiera cada vez más presionada y agotada.

Por suerte, después de muchos meses, ella se dio cuenta de que estaba siendo acosada y chantajeada emocionalmente. Decidió ignorar sus súplicas para que él dejara de tener control emocional sobre ella e incluso le dijo que lo que estaba haciendo era acosarla. A partir de ese momento, él cambió de estrategia y empezó a utilizar su posición laboral superior para exigirle que hiciera sólo los experimentos que él quería, y criticaba y desprestigiaba delante de su directora de tesis el trabajo que hacía sin su permiso. La situación se volvió cada vez más tensa y llegó a gritarle en el espacio de trabajo, lo que alarmó a sus compañeros y a la directora.

Finalmente, ella decidió hablar con su directora de tesis para pedir ayuda, ya que temía que su proyecto se viera afectado. Ella al principio se mostró preocupada. Sin embargo, pasado un tiempo empezó a excusar al postdoc, diciéndole a la joven que quizás él actuaba así por motivos culturales, o porque estaba en depresión. Pero la joven ya sabía que ella no tenía porqué soportar ese trato por el postdoc, fueran los que fueran los motivos que le llevaban a comportarse así. Por ello, se decidió a denunciarlo. Pero cuando le mencionó sus intenciones a  su directora, ella le advirtió que si denunciaba, ella no les permitiría a la joven ni al postdoc trabajar en el laboratorio hasta que se resolviera el problema. Esto la obligó a retrasar la denuncia por algunos meses más.

Por suerte, ella no estaba sola. Contó lo que le estaba pasando. Y tuvo el apoyo de sus familiares, amistades y compañeros, que fue indispensable para seguir trabajando en el proyecto en esas condiciones. 

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