Establecer cualquier tipo de relación sexual con menores de edad es pederastia, nunca hay consentimiento porque ni legal ni éticamente se puede considerar consentimiento cualquier cosa que deje de hacer o haga la persona menor.  La persona adulta si lo hace está cometiendo un delito muy grave de agresión sexual.

Las relaciones sexuales consentidas entre personas mayores de edad es libertad sexual. Todo ataque o crítica mencionando el género, la etnia o la edad de alguna de ellas es un ataque a la libertad que fomenta la impunidad del acoso sexual y de la pederastia. Quienes, cuando se habla de abuso, aluden críticamente a la diferencia de edad entre dos personas mayores que libremente consienten su relación sexual están actuando contra la libertad sexual, un principio que tanto nos ha costado a las feministas que se reconozca socialmente y que se legisle. La edad entre personas adultas no tiene nada que ver con la violencia.  La cuestión radica en la coacción y violencia que se ejerza en las relaciones afectivo-sexuales, independientemente si son dos personas adultas de la misma edad o con diferencia.

Los ataques a las relaciones sexuales, por ejemplo, entre una mujer de 18 años y un hombre de 100 (o un hombre de 18 y una mujer de 100) son reminiscencias reaccionarias de personas que todavía no han asumido ni siquiera el principio legal de la libertad. Supone, entre otras cosas, una intromisión no consentida en la vida personal de esa mujer de 18 años y un intento de robarle su derecho a relacionarse con quien quiera y como quiera atribuyéndole una incapacidad para decidir. Quien tiene un problema con la sexualidad no es ella, sino quien la ataca que, en lugar de mejorar su propia vida, trata de interferir en las vidas de quienes son más maduras y libres que ellos y ellas.   El foco siempre se debe poner en sí ha habido coacción y violencia o no.

Las feministas estamos a favor de la libertad sexual, de las relaciones consentidas con personas mayores, y no aceptamos ni aceptaremos ningún ataque a nuestra libertad, una única actitud que favorece la erradicación de la pederastia y de todo tipo de acoso sexual.

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