En el Informe de la ONU Perspectivas de la Población Mundial consta que en un lugar diminuto y lujoso como es Mónaco la esperanza de vida es la más elevada del mundo, 87 años. Le siguen otros dos territorios de poca población como son Hong Kong, centro financiero, y Macao, comercio y casinos. Japón ocupa el cuarto lugar, surgiendo a continuación otro minúsculo Estado, el reconocido paraíso fiscal Liechtenstein, a juego con otro país financiero, Suiza. 

Son ricos, al igual que los siguientes entre los diez primeros puestos: Singapur, Italia, Corea del Sur y, finalmente, España. Sí, aquí tenemos una alta esperanza de vida, cifrada en 85 años para las mujeres y en 80 para los hombres. En el otro extremo del ranking se encuentra Chad, con un promedio de 53 años de vida y el 80% de la población situada por debajo del umbral de pobreza. El hambre mata, junto con el desaliento, mientras que la abundancia alimenta cuerpo y mente.

En nuestro país se encuentra actualmente la persona más vieja del mundo, la catalana Maria Branyas, de 115 años, que ha sucedido a la monja francesa Lucile Randon, fallecida el pasado mes de enero con 118 años de edad. Tranquilidad y buenos alimentos, prescribe el dicho popular. Dos factores que solo los países en la órbita de los ricos son capaces de proporcionar, una curva tan desigual que describe una desviación que va de los 87 años de esperanza de vida a los 53 años, casi la mitad. Y el mundo gira sin parar mientes.

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