En conversaciones de café, pero también de supuestos “profesionales”, he escuchado afirmaciones en la línea de que “detrás de cada hombre violento hay un hombre vulnerable” o un hombre dañado. Daremos algunos argumentos, gracias a las evidencias científicas disponibles, para explicar por qué estos planteamientos son falsos y peligrosos.

En primer lugar, esta afirmación es un bulo. Todo el mundo tiene vulnerabilidades, y no hay evidencias de que los violentos actúen como reacción a una vulnerabilidad personal. Sabemos que actúan por diversos motivos: porque eso les hace ganar éxito social y ligar más; porque les gusta dominar; porque están acostumbrados a relacionarse así, entre otras.

En segundo lugar, sugerir que “tras cada hombre violento hay un niño dolido” nos despista de lo importante: estos comportamientos responden a un modelo de masculinidad tradicional dominante, y como tal han de ser categóricamente rechazados. Pero cuando se dicen estas frases estamos siendo víctimas de un fenómeno social que influye a muchas personas: la atracción hacia los modelos de hombre con comportamiento dominante. Así, nos estamos centrando en “entender” a los “pobres” violentos porque “lo que tienen que haber vivido para actuar así”. Sucede algo parecido cuando una chica heterosexual quiere “cambiar al malote” y le justifica porque “ha tenido una vida complicada”, pero “en realidad tiene buen fondo”. 

Conectando con lo anterior, sabemos que lo que les hará cambiar no es “entenderlos”, sino el rechazo social que vivan como consecuencia de su comportamiento, y que la sociedad valore las actitudes contrarias, las igualitarias. Por supuesto, todo el mundo tiene derecho a evolucionar y mejorar como persona, pero no existen evidencias robustas que demuestren mucho impacto social en tratar individualmente con hombres agresores o violentos. Sin embargo, sí conocemos actuaciones que se replican en muchísimos contextos educativos y que sí siguen las evidencias científicas que están reduciendo la violencia. Estas actuaciones inciden en que la forma de tratar con la violencia es con rechazo claro de todas y todos, y abriendo espacios de diálogo colectivos y preventivos en los que muchas personas puedan verbalizar ese rechazo, con el apoyo de la comunidad; es en estos espacios colectivos seguros donde estos hombres dominantes pueden, si quieren, plantearse cambios y modificar sus comportamientos, mejorando también así sus vidas.

Lo que sí que hay que decir a viva voz es que detrás de cada chico y hombre igualitario con actitudes de Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM) se encuentra la posibilidad de las relaciones más libres, más seguras, más divertidas, el mejor sexo, la mejor amistad. Centremos toda nuestra atención en quien la merece, en hombres que mejoran el mundo. Hay una mayoría de hombres en nuestras sociedades que no son violentos, y que tienen algunas actitudes NAM (seguridad, valentía, atractivo); si su comportamiento igualitario es valorado, no verán como una opción caer en ser unos malotes para tener éxito, porque ya lo tendrán tal y como son, construyendo además mejores relaciones y contribuyendo a acabar con la violencia de género. 

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