La historia nos indica que para que haya existido el acoso sexual en contextos, culturas, religiones y espacios muy variados ha sido gracias a que los contextos diversos lo han permitido. Entornos familiares, partidos políticos, grupos de amistades, movimientos sociales, etc. Durante décadas han contribuido a la omertá para que quienes acosaban pudieran hacerlo con total impunidad. Ha existido una preocupación para proteger a los acosadores y rechazar las voces de las víctimas.

En estos momentos la historia ha cambiado y las víctimas cada vez callan menos. Es frecuente ver en las redes sociales, medios de comunicación, etc, víctimas muy jóvenes denunciando a grandes figuras impunes hasta ahora. Estamos transformando la historia al mismo tiempo que quienes siempre habían participado de la omertá ahora dicen rechazarla mientras victimizan al acosador. En numerosos casos de acoso sexual en el ámbito universitario han salido personas a tratar de combatir el posible aislamiento del agresor. Se disfraza de justicia no punitivista el no aislamiento del agresor, sin pensar que lo único que genera esto es el aislamiento total de las víctimas. Mientras la preocupación sea por procurar el bienestar del acosador, siempre estaremos invisibilizando y silenciando a las víctimas, y esto de justicia y de transformación, no tiene nada. 

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