La reciente polémica artística sobre la libertad sexual y la libertad de expresión para defender como arte obras que presuntamente incitan el abuso a menores abre de nuevo un debate que se superpone a los derechos humanos y los principios universales.

El arte, como una forma de expresión, tiene la capacidad de promover los mejores y más profundos sentimientos. Difundir mensajes, en cualquiera de sus formas, que promuevan el abuso, el desprecio, o cualquier vulneración de derechos, en nombre del arte o de la libertad ya sea sexual o de expresión, es un ataque a las personas que lo sufren sin ninguna otra justificación.

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