Federer y Nadal conjuntamente con Andy Murray y Novak Djokovic / Twiiter @rogerfederer

El pasado viernes Roger Federer, a sus 41 años, jugó su último partido como jugador profesional de la ATP. Lo hizo rodeado de algunos de los rivales que le han acompañado durante los últimos años, en un torneo creado por él, con el que homenajea a otro gran tenista histórico, Rod Laver. Esta despedida se dio en un ambiente de profundo reconocimiento a la carrera deportiva del tenista suizo, que se ha desarrollado en los últimos 24 años, y que ha estado llena de éxitos: 103 trofeos ATP y 20 Grand Slams, más de 230 semanas como número 1 del mundo. 

Mucho se ha escrito sobre este acontecimiento, pero en este artículo pretendemos visibilizar una relación de competición solidaria y deportiva. Y es que el vínculo creado entre Rafa Nadal y Roger Federer contiene muchos elementos interesantes, que permiten visibilizarla como una relación transformadora. 

En la redes se ha comentado la imagen en la que aparecen ambos cogidos de la mano y llorando, expresando las emociones que sentían durante el momento en que veían un video de recuerdos de la carrera de Federer. Ya sabemos que tener actitudes de expresión de emociones no hace a los hombres Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM). Lo que define realmente a las NAM, es la seguridad, el coraje para posicionarse ante la violencia y la doble moral, así como el atractivo que desprende. 

Esta rivalidad deportiva en la pista ha dado lugar, en ambos casos, a éxitos, logros y a un enorme placer para las personas aficionadas. Ni más ni menos,  entre los dos reúnen 42 victorias de Grand Slams, la cifra jamás soñada por nadie antes de su aparición en los torneos mundiales. 

Además de éxitos deportivos, esta relación también les ha permitido recibir apoyo por parte de su máximo competidor en los momentos más duros, debidos a lesiones o situaciones extradeportivas. Del mismo modo, ambos, se han acompañado, mutuamente, en los distintos proyectos personales que han liderado y que siempre han tenido raíces y perspectivas solidarias y formativas de cara a la sociedad y al deporte. Una relación siempre de gran cordialidad y amabilidad, que se ha podido observar como evolucionaba durante todos estos años y que se ha visto traducida en sus gestos, en sus palabras, en sus hechos. Nadal, después del homenaje a su contrincante expresó: “No podía faltar, con su retirada una parte importante de mi vida también se va”. 

Su vínculo amistoso es un verdadero ejemplo de que la competición no está reñida con el respeto, la admiración, la solidaridad y el éxito. Además, en este caso, el foco se centra en los mejores contrincantes que haya podido ver este deporte, en las más grandes batallas tenísticas, que han tenido a los aficionados y aficionadas pendientes de sus logros.

Y todo ello, lo consiguen: no solo por la calidad y belleza de su técnica y su juego; ni por el esfuerzo realizado durante más de dos décadas para conseguir ser mejores tenistas y ofrecer el mejor espectáculo, lo cual también han podido mejorar gracias a encontrarse el uno al otro en la pista. Sino que además, se han convertido en la demostración de que es posible una relación de rivalidad y de amistad entre dos hombres, que con sus profundos sentimientos, sus actitudes respetuosas, su seguridad, su firmeza ante la violencia y la injusticia, se han convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo la solidaridad entre hombres les hace más atractivos, más exitosos y más transformadores.

A las Nuevas Masculinidades Alternativas no nos hace falta mirar hacia arriba para encontrar referentes, porque la mayoría de veces los tenemos al lado; pero, de todos modos, sabemos reconocer aquellos ejemplos que ayudan a caminar hacia el sendero que contribuye a dibujar una sociedad más justa y más libre de violencia, que tenga éxito y que transforme la sociedad del futuro. La relación entre Nadal y Federer, Federer y Nadal, es una de ellas.

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