La violencia sexual en los campus universitarios es un problema alarmante de salud pública. En EE.UU. existe una larga trayectoria de iniciativas, estrategias y campañas desarrolladas para abordarla y erradicarla. No obstante, para que estas iniciativas logren su propósito de manera eficaz y puedan replicarse o transferirse a otros contextos, es fundamental conocer su impacto. La prestigiosa revista ‘Violence Against Women’ acaba de publicar el artículo A Popular Approach, but Do They Work? A Systematic Review of Social Marketing Campaigns to Prevent Sexual Violence on College Campuses en el que se presentan los resultados de una revisión sistemática de la literatura existente sobre la eficacia de las campañas de prevención de la violencia sexual en las universidades.

Entre las campañas analizadas destacan dos tipos de campañas individuales. Por una parte, campañas centradas en el consentimiento con lemas como “el consentimiento es sexy” y por otra, campañas basadas en prevenir la violencia sexual promoviendo actitudes y comportamientos prosociales de los y las “bystanders”, es decir, de quienes son espectadores o espectadoras de casos de violencia sexual. Muchas de estas campañas estudiadas emplean sobre todo métodos visuales como carteles y pancartas, con una infrautilización de materiales y métodos de difusión online

El impacto de las campañas analizadas es muy positivo y prometedor. Los resultados muestran que las campañas consiguen aumentar el conocimiento de los y las estudiantes de universidad en relación con la violencia sexual, quienes aprenden a derribar mitos en torno a la violencia y a cambiar actitudes, mejorando también la comunicación en relación con el consentimiento. 

Los resultados también muestran que, si bien estas campañas fomentan el comportamiento prosocial de la comunidad universitaria, parecen tener un impacto menos positivo entre las personas espectadoras porque históricamente la violencia sexual se ha percibido como un problema individual. Se requiere incidir de manera más activa en un cambio de actitudes hacia la violencia sexual para que sea considerada un problema de toda la comunidad. Para ello no bastan solo las campañas con mensajes breves, deben complementarse con otros contenidos o acciones formativas, ya que el impacto es menor cuando son campañas puntuales. 

Asimismo, las campañas tienen un impacto positivo a la hora de cambiar la intención de las personas de implicarse en actividades de prevención de la violencia sexual más que en intervenir específicamente ante casos de violencia sexual. En el artículo sugieren que quienes son espectadores o espectadoras pueden sentirse con menos herramientas para intervenir activamente ante casos de violencia sexual que presencien. No obstante, otras investigaciones han desvelado que el miedo a sufrir represalias, lo que se conoce como Violencia de Género Aisladora, es una de las razones más frecuentes para no intervenir y ayudar a las víctimas.

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