Si alguien se resiste a comprar la fruta a granel, al menos que los envoltorios sean de un material nuevo que no contamina. Compuesto de elementos orgánicos, también es transparente y está comenzando a implantarse. Y urge que se haga hegemónico, porque, entretanto, los plásticos nos asfixian.

En 1907 apareció el primer plástico artificial, y desde entonces ha ido sustituyendo materiales como el vidrio, el metal o la madera. Llegados a nuestros días, un estudio de Plastics Europe informó de que en 2017 la fabricación mundial de plásticos ascendió a 350 millones de toneladas. Una cantidad ingente que en gran parte acaba abandonada en cualquier lugar. Tan solo un 17% del plástico se recicla, y este no puede ser reutilizado más de tres veces. El resto, el 83%, va a parar a los vertederos o a la naturaleza. Bosques, ríos, mares. Los océanos son los grandes receptores de la contaminación, constituida en gran parte por microplásticos, los cuales, ingeridos por los peces, acaban en los cuerpos humanos.

La industria del plástico fenece o lo hace la vida humana y la animal. Lentamente, enfermando, ahogada en la contaminación del medio ambiente. Las autoridades tienen la palabra, pero las personas que compran, usan y tiran, también.

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