El cuerpo de las mujeres siempre ha sido víctima preferente de abusos, ocupando un lugar álgido las violaciones en tiempo de guerra. Sin valoraciones cuantitativas en la Edad Antigua, la Media, la Moderna pero existentes. Hasta llegar a las cifras contemporáneas. 

Más de 300.000 mujeres bengalíes fueron agredidas por soldados pakistaníes durante el conflicto que dio lugar a la creación de Bangladesh en 1971. Burdeles militares japoneses en la Segunda Guerra Mundial con 100.000 mujeres confinadas. Violaciones masivas de mujeres alemanas por parte de las tropas soviéticas en 1945. Violaciones sistemáticas de 1992 a 1995 durante el sitio de Sarajevo en la Guerra de los Balcanes. Tan solo son algunos pasajes en el mapa universal y ancestral de las agresiones a mujeres. 

Y ahora mismo, en Ucrania, la infamia concreta de 25 niñas de entre 11 y 14 años encerradas durante un mes en un sótano de Bucha para ser violadas por soldados rusos. Imagen escalofriante de perversión, de vidas truncadas desde la infancia, de impotencia ante un crimen de guerra dentro de la propia criminalidad de cualquier guerra. 

Siglo tras siglo, las mujeres como seres vulnerables físicamente ante la brutalidad de los hombres. ¿Tal atrocidad tiene remedio? Si realmente existe la Creación, el Creador debería avergonzarse de su obra. En cuanto a la evolución darwiniana, mejor se hubiera detenido en los australopitecos.

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