Cartel de la película L'avenir

Sí, feminista de pies a cabeza. Sin proclamas, sin exageraciones, sin agresiones físicas o verbales, el film de Mia Hansen-Løvenos  nos muestra una mujer madura, fuerte y libre. Rodado en 2016 y protagonizado por Isabelle Huppert, es posible recuperarlo en televisión. 

Nathalie, profesora de filosofía en un instituto de París, madre de una hija y un hijo ya emancipados, lleva años casada cuando su marido, también enseñante, le notifica que se irá a vivir con otra mujer. “Pensé que siempre me amarías”, es la reflexión serena de ella. ” Y te sigo queriendo”, declara él. Eso dice, pero se marcha. Al día siguiente, cuando Nathalie encuentra un ramo de flores en el jarrón de encima de la mesa, lo echa a la basura murmurando: “¡Será carota!”.

Las primeras semanas resultan duras de soportar, no pudiendo evitar un llanto recóndito. Mas cuenta con el recurso de una profesión que la entusiasma, del trato con la editorial que publica sus estudios, del reencuentro con un exalumno, de la habitual lectura.

Cuando un hombre sentado a su lado en el cine se atreve a asaltarla luego en la calle, le rechaza con un simple, “ahora no me apetece”. Isabelle Huppert borda su papel. Sin apenas maquillaje, esbelta, elegante sin estridencias, se enfrenta a otras adversidades. La editorial anula sus publicaciones, fallece su madre, el enorme gato de ella pasa a formar parte de su día a día pese a detestarlo. La vemos llevándolo con un pesado trasportín en algunos desplazamientos, tomarle cariño, permitir que duerma a su lado, hasta que lo deja en manos de su exalumno instalado en el campo.

Cuando al regresar a casa encuentra en el salón a su exmarido, que ha ido en busca de un libro de Schopenhauer, le pide que le dé sus llaves. No entrará de nuevo en el piso si ella no le abre la puerta. Y no volverán a verse hasta el nacimiento de su nieto, en el hospital. 

En la siguiente Nochebuena, él aparece para traer un regalo para el pequeño. Estará solo en su casa, porque su novia está en España y no ha ido con ella porque tiene exámenes que corregir. Nathalie sienta a la mesa a sus hija e hijo y las respectivas parejas, el bebé llora en la habitación contigua, y es ella la que se levanta para tomarlo en brazos. Recostado en su hombro, le canta una amorosa canción mientras le mece. Con esta melodía como fondo, la cámara recorre finalmente algunas estancias del apartamento, las propias de una vida independiente, serena. Mia Hansen-Løvenos  nos ha proporcionado la miniatura espléndida de un gran feminismo cotidiano.

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