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La resolución de la ONU de 2015 sobre el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia insta a “reconocer los logros de las mujeres en la ciencia”. Para que nuestras actuaciones promotoras de este día y este objetivo no ejerzan el efecto contrario al pretendido es imprescindible que las feministas no caigamos en la falta de reconocimiento que criticamos en otras instituciones. 

En una de las dimensiones más importantes de la igualdad, en la violencia de género, quienes llevan este tema en las instituciones universitarias y gubernamentales no solo no reconocen los mayores logros de las mujeres en la ciencia, sino que desarrollan dinámicas que intensamente los marginan y excluyen. La mayoría de mejores científicas en violencia de género apoyan decididamente a las víctimas, lo cual las convierte en conflictivas para los anteojos de los responsables de las instituciones y de las responsables de igualdad que ellos nombran y destituyen.

Las consecuencias son muy graves para las niñas y mujeres que son víctimas, pero también son negativas para el prestigio internacional (y en nuestra propia ciudadanía) de esas instituciones y sus responsables del tema. Por lo tanto, esa exclusión no solo es contraria a la igualdad sino también muy poco inteligente; priorizan defender a sus instituciones en lugar de a sus víctimas y así perjudican a ambas. Como han reconocido recientemente las instituciones, las comisiones de igualdad y protocolos de las universidades no están logrando su objetivo y hay que cambiar sus actuales dinámicas.

Precisamente la violencia de género es el único tema de igualdad liderado por nuestro país donde hay varias profesoras de aquí en la lista de las diez principales científicas del mundo en el tema. No solo están en los primeros lugares del ranking científico internacional, sino que son muy reconocidas en las mejores universidades del mundo y sus logros se publican en las principales revistas científicas internacionales sobre este tema, pero aquí se las excluye (a ellas y a sus logros) de las comisiones de igualdad de las universidades e incluso de los actos públicos sobre el Día Internacional de la Mujer y de la Niña en la Ciencia. Quienes han callado en temas de abusos y acoso empiezan a tener que dar cuentas de por qué no actuaron cuando estaban a tiempo de hacerlo. Pronto tendrán que dar también cuentas públicas quienes ahora están realizando o callando ante ese no “reconocimiento de los logros de las mujeres en la ciencia”.

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