Las soluciones a la impunidad de la violencia de género en las universidades están plenamente evaluadas y validadas positivamente por la comunidad científica internacional. En las revistas científicas más importantes sobre el tema y en los mejores programas de investigación científica mundial, disponemos de las acciones que logran el éxito en superar esa impunidad y también de las acciones que lejos de superarla la mantienen o incluso la empeoran. Se dice mucho que en universidades cómo las norteamericanas hace décadas que implementan estas acciones y todavía no han superado la violencia de género, pero se oculta que en las universidades donde se han implementado ya no hay impunidad y si hay visibilización con lo cual la violencia de género allí es muy inferior a la que ocurre en las universidades españolas.

Una de las acciones de éxito qué necesita esa superación es la difusión en toda la comunidad universitaria y en toda la sociedad de las principales investigaciones científicas internacionales sobre este problema. ¿Se ha hecho esto en España? ¿se ha hecho esto en las universidades españolas?, respuesta es no. La primera y más destacada investigación internacional sobre la violencia de género en las universidades españolas fue aprobada por el programa de investigación i +d pero, hubo todo tipo de oposición en las universidades. Obtuvo un gran éxito científico, incluso su publicación en la revista top mundial sobre el tema Violence Against Women. También tuvo un gran éxito social, llevó a que el Parlamento español obligará a las universidades a reconocer el problema y establecer mecanismos orientados a su superación. Sin embargo, la única forma de hacer científicamente la evolución del problema es volver a pasar la misma encuesta que se pasó. La resistencia ha llevado a que por tres veces se haya rechazado y encima que digan que ya se ha presentado por tres veces, insinuando que no se presente más porque no lo van a aprobar. Alegan disculpas técnicas cuando muchas veces las personas evaluadoras tienen un nivel científico inferior a las del equipo investigador y desde luego no han publicado en la revista top donde se ha publicado la investigación que rechazan.

La segunda acción es que, con ese conocimiento de las evidencias científicas internacionales, la comunidad universitaria se movilice, el denominado Upstander, el Fuenteovejuna todas y todos a una. Son las y los iguales, estudiantes, profesorado en situaciones de contrataciones no indefinidas, PAS, quienes mejor sabe lo que ocurre. Desde las estructuras universitarias se tienen que potenciar los movimientos bottom up. ¿Se ha hecho eso en España?, la respuesta vuelve a ser no.  El Observatorio de la Violencia de Género del Ministerio de Derechos sociales y Agenda 2030 reconoció ya en 2013 la red solidaria de víctimas de violencia de género las universidades españolas, el Metoo Universidad. Los equipos rectorales e incluso las comisiones de igualdad se han negado incluso a recibir en una entrevista a estas redes de víctimas, no solo no las potencian, sino que las intentan invisibilizar.

Tercero, en las comisiones de igualdad se excluye a las científicas sobre este tema con más currículum internacional y también a quienes más decididamente apoyan a las víctimas. Se nombran a personas afines a los rectores o a los decanos que indudablemente no se enfrenten a quienes les han nombrado y les mantiene en el cargo. Esta es otra tarea pendiente de las universidades españolas.

Cuarto, hay que erradicar la violencia de género aisladora, sin eso es imposible avanzar en la superación de la violencia de género, las víctimas están aisladas porque se machaca cruelmente al poco profesorado que se decide apoyarlas. Desde las estructuras universitarias lejos de reconocer a estas personas que apoyan a las víctimas se permite que se realicen todo tipo de ataques contra ellas cuando no se fomentan desde la propia estructura universitaria. Hay más opciones, estas tres son ya las imprescindibles a tomar, echar la culpa a que las víctimas no denuncian ante la justicia ante las comisiones de igualdad es revictimizar a las víctimas. Es la institución universitaria la que tiene que cambiar sus formas de actuación.

Resulta paradójico que las instituciones creadas para formar en las evidencias científicas en este tema tan crucial no solo no actúen en este tema siguiendo las evidencias científicas sino en contra de ellas. Por suerte, el movimiento bottom up del Metoo Universidad, los movimientos de base con el apoyo de instituciones de fuera de la Universidad y de las en los mejores profesionales de los medios están haciendo imposible mantener la situación y a los equipos rectorales no les queda más remedio que poco a poco ceder e introducir los cambios que la sociedad exige. Quienes no lo hagan con rapidez quedarán señalados para toda la historia.

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