Músico frustrado no sabía qué podía hacer ya para llamar la atención y conseguir más seguidores, se lanzó de cabeza a ejercer la violencia de género aisladora contra quienes se posicionaban contra el acoso en la universidad. Con aires de progre, músico, alternativo no obtuvo mayor ni mejor aliado que una persona derechista, con una índole totalmente opuesta a la suya. Pero como anunció ya Groucho, “estos son mis principios, y si no te gustan tengo otros” y el afán de protagonismo a toda costa, cuando no se es reconocido en los ambientes que se desea, es lo que tiene.

Sin importarle nada ni nadie y sin ningún rigor, más que el que le permitía su ego, decidió autoproclamarse experto de “quién sabe qué”, sin ningún tipo de conocimiento científico sobre el tema, y así como los tres cerditos escapaban del lobo corriendo de una casa para la otra, él lanzaba a diestro y siniestro afirmaciones y teorías, que él consideraba que eran validas a nivel educativo y otras que según su criterio – sin ningún aval científico – las atacaba tan fuertemente como podía. Su ego cada vez estaba más feliz porque veía que a más ataques, más adeptos.

Cuando el vacío de los bares y antros más decadentes ya no sacia el afán de protagonismo, solo les queda recurrir a la violencia de género aisladora y probar suerte.

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