Numerosas costumbres y hábitos socialmente normalizados están promoviendo que muchas niñas y niños reciban una cantidad ingente de regalos y juguetes en fechas señaladas y en otras ocasiones durante el año, lo que hace que acumulen objetos sin tiempo material para valorarlos ni aprovechar su uso.

La ciencia ya ha demostrado que el juego tiene un papel fundamental en el desarrollo y el bienestar infantil, pues jugar permite interactuar con elementos físicos y sociales del entorno para descubrir nuevas habilidades, entrenar diferentes capacidades y superar restos aprendiendo a interpretar y comprender mejor el mundo que les rodea, lo que permite mejorar habilidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas. Pero… ¿más juguetes es sinónimo de mayor oportunidad y calidad para el juego y desarrollo infantil?

Precisamente la investigación The influence of the number of toys in the environment on toddlers’ play, publicada en la revista científica “Infant Behavior and Development”, se ocupa de este tema y corrobora la hipótesis de que un entorno con menos juguetes conduce a una mayor calidad de juego para las niñas y niños más pequeños. En este caso, la población de estudio incluyó edades de entre 18 y 30 meses y se seleccionaron treinta y dos juguetes considerados no sexistas y representando cuatro categorías: educativos (destinados al aprendizaje de conceptos o habilidades como el conteo), de simulación (para el juego simbólico sugiriendo escenarios temáticos), de acción (promotores de la manipulación y la exploración) y vehículos (juguetes con ruedas o que promovían el juego a través del empuje del objeto). Cada participante se involucró en dos sesiones que fueron grabadas desde múltiples ángulos para evaluar la calidad del juego y se midieron tres variables dependientes: el número de incidencias con los juguetes y la manipulación y atención mantenida, la duración del juego con los juguetes y, por último, las posibilidades de uso del juguete que surgían, es decir, el número de maneras diferentes de jugar con el mismo objeto a través de acciones diversas como verter, explorar, emparejar, simular, reunir, introducir, fingir… Una de las sesiones se llevaba a cabo con 4 juguetes (seleccionando al azar uno de cada categoría y nunca más de uno con pilas) y en la otra se proporcionaban 16 juguetes (seleccionando al azar cuatro de cada categoría y nunca más de cuatro con pilas).

Los resultados demuestran que un entorno con menor número de juguetes conduce a una mayor calidad del juego en función de que se produce 1) un juego sostenido, de mayor duración y con menos incidentes, y 2) mayor variedad en el uso y formas diferentes de juego con cada objeto. Bajo la condición de “16 juguetes”, las niñas y niños pasaron frecuentemente de uno a otro sin concentrarse en el juego y sin conseguir jugar con todos ellos, sino con tan solo algo más de la mitad por término medio. Por el contrario, bajo la condición de “4 juguetes”, los y las participantes exploraban más y la mayoría de los juguetes, y se producían menos incidencias y menos distracciones, lo que aumentaba la atención.

A partir de estos hallazgos, una recomendación para familias y educadores y educadoras puede ser optar por proporcionar menos juguetes a disposición de las niñas y niños para cualquier sesión de juego y, cuando haya abundancia de juguetes, puede rotarse su uso y guardar el resto, proporcionando oportunidades para la novedad sin aumentar la distracción que genera tener demasiados objetos disponibles al tiempo. Esta sencilla organización para mejorar los entornos para el juego infantil puede aumentar las oportunidades para el desarrollo de la creatividad, la imaginación y el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico.