Los programas de prevención del acoso y la violencia basados en bystander intervention o intervención de las personas que son testigos, han demostrado su eficacia para abordar la violencia. No obstante, apenas se ha investigado sobre las consecuencias para aquellas personas que actúan e intervienen, conocidas como bystanders. ¿Intervenir ante un caso de acoso puede conllevar consecuencias negativas? ¿Puede afectar a la salud, a la integridad física o incluso tener consecuencias a nivel profesional o académico? La respuesta, a la luz de la evidencia científica, es afirmativa. La Isolating Gender Violence (Violencia de Género Aisladora, IGV por sus siglas en inglés) ha sido definida como la violencia, los ataques y las represalias que ejercen quienes acosan contra las personas que ofrecen apoyo a víctimas de violencia de género. Es un tipo de violencia ejercida contra quienes solidarizan con las víctimas con el fin de aislarlas. 

La prestigiosa revista “Journal of Interpersonal Violence” ha publicado el artículo Adverse Consequences to Assisting Victims of Campus Violence: Initial Investigations among College Students, en el que se examina la prevalencia de las consecuencias adversas de la intervención de bystanders con 1.281 estudiantes de primer año de universidad. A quienes participaban en el estudio se les preguntaba: “¿Cuántas veces este año académico has experimentado cada una de estas cosas después de tratar de ayudar a alguien que estaba en riesgo de agresión sexual, abuso o acoso?”.

Aproximadamente un tercio de los y las estudiantes que se encuestaron indicaron que habían intervenido durante sus primeros meses de universidad para ayudar a alguien que estaba en riesgo de sufrir una agresión sexual, abuso en las relaciones o acoso. De quienes intervinieron, entre el 16% y el 20% indicaron haber experimentado al menos una consecuencia negativa como resultado de sus acciones (ej. amenazas verbales) y entre el 5% y el 9% indicaron haber sufrido daños físicos como resultado de su intervención. Es decir, 1 de cada 5 estudiantes que intervienen como bystanders para prevenir agresiones sexuales y la violencia en las relaciones experimenta algún tipo de consecuencia negativa, y hasta 1 de cada 11 estudiantes experimenta una consecuencia negativa grave (ser herido o herida físicamente).

Estos resultados muestran la importancia de actuar contra la IGV y proteger a quienes actúan e intervienen solidariamente ante casos de violencia de género o acoso sexual. Numerosas iniciativas están comenzando a desarrollarse con el fin de legislar contra la IGV para erradicar la violencia de género

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