Muchas veces se escucha que es en la familia donde se educa y en la escuela donde se enseña. Este pseudo-argumento, cuando se detecta algún conflicto, se queda en nada debido a diversas evidencias científicas que demuestran que tanto la educación como la enseñanza se realizan en base a múltiples factores y que tanto la comunidad científica como la social pueden colaborar, en un diálogo igualitario, para mejorar la vida del alumnado.

En esta línea, en el artículo Relations With the Educational Community and Transformative Beliefs Against Gender-Based Violence as Preventive Factors of Sexual Violence in Secondary Education, publicado en la revista científica “Journal of Interpersonal Violence”, las investigadoras analizan las diferentes relaciones que se dan en un centro educativo entre todos los grupos que participan formando parte de la comunidad educativa (alumnado, profesorado y familias) y las creencias del estudiantado sobre la violencia de género con el objetivo de prevenirla y transformar las creencias  erróneas sobre este tema. Para ello, se ha analizado una muestra compuesta por 4273 estudiantes de Secundaria, aproximadamente mitad hombres y mitad mujeres. Según las conclusiones del estudio, tener unas relaciones positivas: 1) ayuda a proteger a las personas implicadas ante una situación de agresión, y 2) transforma las creencias sobre lo que es atractivo y lo que no. 

Una vez más, se evidencia que rodearse de buenas amistades que ante una situación de violencia te protegen y reconocer una conducta violenta sin caer en la trampa de lo coercitivo y de considerar atractiva a una persona violenta, es la manera más efectiva de revolucionar esta sociedad y reducir la violencia. Y si desde todos los ámbitos vamos a una, recibiendo el mismo mensaje desde el centro educativo y desde el núcleo familiar, los y las adolescentes de hoy podrán cambiar fácilmente a mejor la sociedad del futuro.

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