Según las fuentes consultadas y la documentación analizada, Clara llevaba una carrera científicamente brillante en la universidad y su CV anunciaba que la plaza de profesorado permanente que había salido a concurso en la universidad la ganaría claramente ante el otro candidato que tenía un CV muy inferior, tomando como base los criterios científicos meritocráticos internacionalmente reconocidos y que cada vez más asumían las agencias de evaluación españolas y las propias universidades. Sin embargo, Clara había apoyado a las víctimas de violencia de género en la universidad convirtiéndose así en alguien a expulsar de la universidad.

El tribunal escogió al enemigo de las víctimas y poniendo a Clara fuera de la universidad, demostrandose así una vez más que el problema no es la endogamia sino el feudalismo: si la de dentro apoya a las víctimas se prefiere alguien de fuera que se ponga del lado de esos poderes. Para tomar esa decisión tan negativa para la ciencia, tan reaccionaria para la sociedad y tan machista con las mujeres, el tribunal recurrió a las críticas a la meritocracia que se presentan como si fueran progresistas, sociales y antineoliberales. Se critican las mejores revistas científicas por su supuesta subordinación al capitalismo y así “meto a quien yo considere que tiene más calidad”, es decir, “a quien yo quiera”. Eso sí, no se ponen vacunas que no hayan sido avaladas por Lancet, Nature y otras de las revistas que critican.

Clara siguió apoyando a las víctimas, siguió aumentando su CV hasta que se presentó a un concurso en el que el tribunal actuó éticamente siguiendo los criterios meritocráticos transparentemente publicados a nivel internacional. Ahora ya es profesora permanente, de víctima de la violencia de género aisladora ha pasado a superviviente. Sus aportaciones están contribuyendo a mejorar el sistema meritocrático con criterios de género y, en general, de impacto social, en lugar de fomentar una dinámica antimeritocrática profundamente machista y reaccionaria.

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