De acuerdo, pero, ¿le regalas tú una muñeca a un niño de cuatro años? Ningún problema en obsequiar a una niña con un coche de carreras, equiparándola a lo que antes se reservaba a los chicos, sin embargo, continúa habiendo problemas en equiparar en todo a los chicos con las chicas.

Es fácil eliminar la diferencia en los colores. Azul para ellos, rosa para ellas. Neutro, si es posible encontrarlo. Blanco, amarillo, verde en peluches, vestidos y lo que sea. Adentrarse más en la igualación ya requiere una mayor bizarría. ¿Qué pensarían madre y padre si su niño recibiera para Reyes un cochecito con una muñeca? Algunos tal vez lo aceptarían de buen grado, otros es probable que acto seguido, en cuanto el dador o dadora se marcharan, lo arrojaran a la calle o lo regalaran a una sobrinita.

Los progenitores, digamos que más avanzados, más militantes en la igualdad entre sexos, se expondrían a que al pasear con su hijo empujando el cochecito se tropezaran con un energúmeno que les lanzaría: “Vaya, no me extraña que cada día haya más maricones”. Secuencia auténtica vivida recientemente. Así que, el camino hacia la igualdad todavía es largo, y bastante abrupto. 

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