El acceso a la educación de alta calidad durante la primera infancia, en particular para los grupos de población más vulnerables, es fundamental para garantizar que los futuros aprendizajes sean más eficaces y tengan más probabilidades de continuar durante todas sus vidas, disminuyendo así el fracaso escolar y aumentando el impacto positivo para sus familias y la sociedad en su conjunto. A pesar de que lograr este objetivo es una prioridad europea, sigue siendo un desafío y un sueño al que dirigir nuestros esfuerzos para el profesorado, las familias y toda la sociedad.

El artículo, Learning and inclusivity via Interactive Groups in early childhood education and care in the Hope school, Spain, publicado en la revista científica “Learning, Culture and Social Interaction”, abre un camino de esperanza al analizar una de las Actuaciones Educativas de Éxito identificadas por el proyecto INCLUD-ED: los Grupos interactivos (GI). Se trata de un tipo de organización inclusiva del alumnado en el aula en grupos heterogéneos y reorganizando los recursos humanos para gestionar la diversidad del alumnado dentro de entornos de aprendizaje compartidos, lo que permite enriquecer los procesos comunicativos y aumentar y diversificar las interacciones. En este estudio, a través de una metodología comunicativa, se muestra que alumnado, familias y profesorado de una escuela urbana ubicada en una zona desfavorecida de España que presenta altos niveles de desempleo, pobreza y marginación, están de acuerdo en señalar que gracias a la implementación de GI en la etapa de Educación Infantil se produce de forma simultánea una aceleración del desarrollo cognitivo del alumnado y un aumento de sus habilidades académicas a la vez que se incrementa la empatía y la solidaridad, porque si un niño o una niña tiene más dificultades para resolver una tarea no se le deja solo o sola, sino que se asume como un reto para todo el grupo buscar una solución para solventarlo, permitiendo que la autoestima y la motivación se multiplique para todo el alumnado pero de forma especial para los niños y las niñas de contextos desfavorecidos que ven cómo su aprendizaje y su vida pueden seguir por el camino del éxito y la libertad de elección.

Esta investigación nos ofrece un camino de esperanza y seguro a través de las evidencias científicas de impacto social para quienes soñamos con la mejora educativa para todos los niños y niñas sin excepción, mostrando que aunando esfuerzos en las escuelas a través de los GI las personas adultas voluntarias que intervienen, las familias y el profesorado,  promueven interacciones positivas centradas en valores como la solidaridad, el cuidado de las otras personas, la resolución de problemas en común y la petición de ayuda. Por otro lado, a través de las interacciones, el alumnado incluye los aspectos cognitivos al explicar a los y las demás cómo resolver los problemas académicos que deben resolver. A través de GI, las aulas de Educación Infantil se transforman, no se adaptan, convirtiéndose en un entorno de aprendizaje complejo, heterogéneo, rico y estimulante que multiplica las interacciones dialógicas produciendo una aceleración del aprendizaje y de las habilidades cognitivas a través de la ayuda mutua y el apoyo entre compañeros y compañeras. Este entorno promueve también el desarrollo social y emocional a través de un clima en el que todo el alumnado estudia y aprende al tiempo que se relaciona en un entorno motivador y seguro que marcará una diferencia positiva en sus vidas.