Desde la óptica feminista, ¿es una buena idea la creación de un club exclusivo para mujeres? Previsto está que se inaugure en Barcelona en marzo de 2022, y llevará por nombre Juno House.  Tres mujeres están al frente de esta iniciativa de “liderazgo femenino destinado a impulsar la economía post-covid”. Propósito que se complementa con la interacción con mujeres de otras culturas y diversas generaciones, colaborando en emprender negocios u otros proyectos. ¿El club permitirá la entrada de hombres? Si acaso, como invitados, no como participantes.

Por asociación de ideas, forzoso es remitirse a los clubs británicos reservados solo para hombres, y sin ir tan lejos, a nuestros Cercle del Liceu y Club Natació Barcelona. El exclusivo club liceísta, fundado en 1847, fue absolutamente masculino hasta el año 2001, cuando hizo una excepción con la eximia soprano Montserrat Caballé. Fue la primera en ingresar, pero la segunda no lo hizo hasta tres años más tarde, cuando por fin se abrió la puerta a admitir socias.

Otro tanto cabe decir del club natatorio. Desde su creación, en 1907, al 1986 ninguna mujer podía disfrutar de sus instalaciones. Más allá de la flagrante discriminación, circulaban rumores maliciosos respecto a que los hombres se oponían a la presencia de mujeres porque su exclusividad les permitía mentir a la esposa si les convenía, váyase a saber por qué motivos.

Dejando las anécdotas a un lado, la creación de Juno House obliga a preguntarse sobre si no representa una reproducción, aunque razonada ante la persistente desigualdad entre hombres y mujeres, una reproducción de los hábitos masculinos, algo de lo que el feminismo intenta huir.

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