Aunque nadie duda de que el cambio climático nos lleva por mal camino, el pesimismo respecto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2021, celebrada en Glasgow, nos embarga. Palabras, muchas; hechos, ¿cuántos? Imágenes alentadoras de parques eólicos, placas solares, vehículos eléctricos, pero también de persistentes industrias con gruesas chimeneas humeantes enturbiando el espacio.

Datos sobre los efectos del calentamiento de la atmósfera nos sobran, y son antiguos, lo cual no ha impedido que las emisiones contaminantes persistan. Cálculos de expertos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) muestran, entre otros factores, cómo los huracanes han aumentado desde los años ochenta. Si en aquella época se producían un promedio de 14 anuales, en 2020 habían sido 30 los acaecidos, más del doble. Diversos países fueron los afectados, encontrándose Estados Unidos entre los más perjudicados. 

Por lo demás, la espada de Damocles también nos amenaza en forma de otras perturbaciones atmosféricas y su corolario de inundaciones, sequía, hambre y enfermedades. El presidente Joe Biden ha estado presente en Glasgow, pero no así los dirigentes de Rusia y de China. ¿Qué tipo de mandatarios son estos, cómo es posible que el mundo entero deba sufrir su ceguera? Seguimos siendo súbditos, tengamos urnas para votar o no las tengamos. Esta es la funesta realidad.

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