La omertá, que durante tantos años ha protegido a los profesores acosadores en la universidad, ha asegurado el silencio cómplice de la mayoría del profesorado universitario. Ocurrencias como el pseudo-concepto de “micromachismos”, basado en un autor defensor de la pederastia y la violación, han llevado a una enorme situación de confusión al profesorado que nunca ha acosado.

Mientras las feministas nos hemos opuesto a ese autor y a ese pseudo-concepto, su uso colabora así consciente o inconscientemente con los acosadores. Recordando un conocido proverbio, podemos decir que mientras las feministas señalamos la luna, los malintencionados quieren que las miradas se desvíen hacia el dedo. Proponer ir a tomar un café, o hacerle a una compañera un comentario bonito se ha vuelto un reto para aquellos profesores que nunca han acosado. Y mientras se pone el foco en estas minucias, se da alas a los que acosan para que hagan lo que quieran, fomentando la omertá.

Para romper el silencio es necesario poner el foco en el qué y el cómo, en los actos comunicativos y no solo en los actos de habla. Una petición de tomar un café por parte de un profesor puede ser con intenciones muy diversas. El tema no es solo lo que se dice sino cómo y con qué finalidad. Para terminar con la omertà, hay que. dejar de atacar a quienes nunca han acosado y acabar con la impunidad de los que sí lo hacen.



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