La educación de calidad parte de la base de que el aprendizaje y el desarrollo se producen como resultado de las interacciones entre compañeros, compañeras y personas adultas, pero sabemos que todos los tipos de interacciones no son igual de eficaces ni contribuyen a ofrecer una mejor educación. Por ello es importante centrarnos en aquellas escuelas y actuaciones que ofrecen los mejores resultados y que aportan evidencias sólidas de buenos resultados, como son las Comunidades de Aprendizaje recomendadas por la Comisión Europea como un modelo eficaz para apoyar la calidad y el desarrollo escolar. 

Con el objetivo de estudiar cómo las Comunidades de Aprendizaje están logrando resultados tan positivos, el artículo Learning communities: Pathways for educational success and social transformation through interactive groups in mathematics, publicado en la revista científica “European Educational Research Journal”, se centra en un estudio de caso que analiza la intervención en un aula concreta de una escuela primaria española que funciona desde hace 8 años como Comunidad de Aprendizaje y que lleva a cabo Grupos Interactivos (GI) en el área de matemáticas y que están formados por pequeños grupos heterogéneos e inclusivos de alumnado en los que se incluye voluntariado adulto de la comunidad. El artículo presenta datos que incluyen observaciones en el aula y entrevistas semiestructuradas y analiza tres tipos de conversación: acumulativa, de disputa y exploratoria. Los resultados obtenidos muestran que los GI mejoran el rendimiento del alumnado en matemáticas haciendo visibles además unas actitudes positivas hacia las matemáticas y una mayor autoconfianza y autoeficacia de todo el alumnado. Pero también se evidencian transformaciones más allá del aula gracias a la incorporación del voluntariado, que abre la posibilidad de que aquellas familias que apenas habían participado en la escuela se impliquen en las actividades de aprendizaje. Además, el hecho de contar con voluntarios y voluntarias de minorías culturales también ha promovido una mejor comunicación intercultural, conocimiento y comprensión entre las diferentes personas, lo que ha permitido desarrollar y reforzar relaciones de apoyo y confianza también fuera del entorno escolar.

El caso analizado en este artículo contribuye al campo de la educación matemática a través del análisis del diálogo que sólo cuando facilita las interacciones dialógicas se transforma en un espacio que promueve el aprendizaje y el desarrollo entre el alumnado que participa en los GI. Por un lado, facilitando a los niños y las niñas que expliquen la tarea, justifiquen sus decisiones y hagan visible su razonamiento de forma solidaria y, por otro, con el voluntariado participante que anima a los niños y niñas a apoyarse, darse ayuda y razonar para ser más eficaces en el proceso de resolución de la tarea y que junto al profesorado busca que su participación se dirija a que todo el alumnado sin excepción obtenga resultados positivos en matemáticas. GI no ha sido una intervención aislada en el aula, sino que forma parte del proyecto escolar de Comunidades de Aprendizaje en el que el alumnado, el profesorado, las familias y los miembros de la comunidad apoyan la calidad y el desarrollo de la escuela. El enfoque dialógico identificado en los GI entre alumnado, docentes y otros miembros de la Comunidad de Aprendizaje, aumenta el potencial de las intervenciones matemáticas y hace posible una mejora de la convivencia que se traslada más allá del entorno escolar llegando a transformar las relaciones entre toda la comunidad más allá de la escuela.