La violencia de género es una lacra social presente en multitud de contextos. El mundo de la educación superior, universidades y organizaciones investigadoras no es una excepción. DF tiene una sección llamada Omertá dedicada a denunciar la impunidad del acoso sexual que durante mucho tiempo ha existido en algunas universidades. Procesos alejados del rigor, la transparencia y los estándares internacionales en estructuras organizativas fuertemente jerarquizadas han facilitado la creación de unas relaciones de poder en las que se impone la ley del silencio que protege a los acosadores.

UniSAFE es un proyecto financiado con fondos de la Unión Europea que tiene como objetivo generar un mejor conocimiento sobre la violencia de género en la academia a través de la recopilación de datos cualitativos y cuantitativos sobre su prevalencia. En la recogida de información se incluirán formas de violencia que no habían sido descritas hasta el momento.

Finalizada la fase de recogida de la evidencia empírica sobre la incidencia de la violencia de género en las universidades y las organizaciones investigadoras, se analizará la respuesta que desde los diferentes roles establecidos por dichas instituciones se da para prevenirla, proteger y prestar determinados servicios a las víctimas y enjuiciar a quienes la ejercen. Las conclusiones y hallazgos que se extraigan servirán para diseñar una serie de recomendaciones sobre políticas concretas así como la creación de herramientas adaptadas y actividades capacitadoras que impulsen a las partes interesadas hacia mejores actuaciones para hacer frente y erradicar la violencia de género en la academia.

UniSAFE ha lanzado una encuesta a gran escala para recoger las experiencias personales relacionadas con la violencia de género entre el personal y alumnado de 45 universidades y organizaciones investigadoras con el propósito de dar voz a las personas que la han sufrido directa o indirectamente y cuyas historias durante mucho tiempo se han silenciado.

Existen precedentes de personas valientes que han roto la ley del silencio en las universidades y así lo ha reflejado la comunidad investigadora a través de las investigaciones. Es muy importante y positivo que cada vez haya más iniciativas en este sentido, que visibilicen su existencia, recojan la voz de las personas supervivientes y desarrollen a su vez claves que contribuyan a hacerle frente y prevenirla.