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En cuanto se rompió el silencio, el lobby de acosadores recibió el apoyo de catedráticos que veían peligrar su poder. El anterior feudalismo universitario español, aislado de las evaluaciones internacionales, había permitido a Luis ser considerado una referencia en los departamentos de su ámbito, en los medios y en los gobiernos. No tenía ningún nivel científico y acumulaba solo fracasos en sus múltiples intentos de lograr algún reconocimiento internacional, pero su dedo de hierro se imponía en los tribunales y comisiones que decidían qué aspirantes llegarían a docentes o qué profesorado aprobaría las evaluaciones. El poder feudal que le posibilitaba esa arbitrariedad era el mismo que posibilitaba la inmunidad ante los acosos sexuales. 

La inevitable apertura de las universidades españolas a las evaluaciones internacionales comenzó a destruir ese poder feudal. Todo el mundo pudo ver la altísima valoración científica internacional de quienes se atrevieron a romper el silencio y el rechazo a las imposturas de Luis. Las personas que rompieron el silencio habían realizado el proyecto de investigación de sus ámbitos que más valoración y reconocimiento científico europeo ha logrado hasta la actualidad. Luis, desesperado, lanzó su particular canto del cisne con todo lo que le quedaba. En un momento en que la violencia de género aisladora arreciaba contra quienes rompieron el silencio, Luis aprovechó su influencia en la administración para publicar en una revista no científica una crítica a ese proyecto llena de errores elementales.

Internacionalmente, esa crítica suscitó comentarios como los siguientes: “eso es como si alguien que suspende en las asignaturas de física del bachillerato publica una crítica a la teoría de la relatividad”.

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