Se organizaba un gran congreso científico con participación de  investigadores e investigadoras de todas las disciplinas, revistas científicas, agencias de evaluación y tres premios nobel de áreas del conocimiento muy distintas. Ante la relevante efeméride, las investigadoras que lo estaban organizando decidieron reunirse con el rector de la universidad para informarle ya que él presidia el comité honorifico.

El rector del momento tenía una presunta amistad conocida y muy duradera con el catedrático más reincidente . Las investigadoras no solo tenían una elevada relevancia académica, sino que además desde sus inicios se habían posicionado al lado de las víctimas de violencia de género en la universidad, sufriendo ellas violencia de género aisladora.

Al recibirlas el rector estaba muy nervioso, saltaba de un tema al otro sin escuchar lo que ellas le estaban explicando. Ambas le hablaron de los premios nobel, de la relevancia científica del evento, del gran número de personas inscritas de todas las disciplinas, de  un momento histórico para la Universidad, mientras él se limitaba a reiterar que “ya no eran amigos” y que él “no tenía nada que ver”, justificando, sin decirlo, los años de amistad y encubrimiento con él. Las reiteradas justificaciones sirvieron para evidenciar lo que ya se sabía.

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