Las medidas de confinamiento puestas en marcha por los gobiernos para detener la propagación del COVID-19 han mostrado a la ciudadanía, una vez más, la importancia de la vida social en los barrios y cómo, a falta de que esta se pueda hacer de forma presencial, se pueden buscar formas alternativas de mantener “la vida en los barrios” y en el vecindario de forma virtual. En línea con este tema, y para seguir entendiendo la importancia de fomentar y cuidar la vida de vecindario y de comunidad en las personas, Polly Fong (Facultad de Psicología, Universidad de Queensland, Australia) y colegas han realizado un estudio que, desde la psicología social, ha analizado cómo una intervención concreta con la comunidad, impacta en el vecindario y protege la salud mental. Dicho estudio ha sido publicado recientemente en la revista Social Science & Medicine (Volume 277, May 2021, 113909): Evidence that loneliness can be reduced by a whole-of-community intervention to increase neighbourhood identification 

Si bien mucha literatura científica ha demostrado ya que el sentimiento de identificación social con las personas del vecindario tiene una amplia variedad de beneficios para la salud y el bienestar individual y comunitario, aún podemos saber más sobre cómo el fomentar un tipo u otro de interacciones mejora y protege la salud mental. Para ello, Fong y sus coautores diseñaron un estudio longitudinal donde evaluaban el impacto de una intervención comunitaria que tiene lugar en Australia el “Día del Vecino” (2019), en la salud mental de las personas participantes. En concreto, el “Día del Vecino” es una campaña instaurada por la organización Relationships Australia, orientada a concientizar al público sobre la importancia de conectar con los vecinos, que tuvo un alcance de aproximadamente 300.000 personas en 2019.

El “Día del Vecino” es una campaña a nivel nacional que tiene como finalidad animar a las personas residentes en Australia a conectar con otras personas de su vecindario el último domingo de marzo. La campaña se promueve a través de periódicos locales, avisos en espacios comunitarios, redes sociales y nacionales y en el sitio web de la organización Relationships Australia. Las actividades específicas que se llevan a cabo en el Día del Vecino son variadas e incluyen, entre otras, organizar reuniones sociales de vecinos en casas particulares o en un espacio común (por ejemplo, un parque, una fiesta en la calle, un centro comunitario), dejar tarjetas en los buzones de los vecinos, asistir a vecinos vulnerables y/o ancianos, organizar juegos comunitarios, reuniones comunitarias e interactuar con la comunidad a través de las redes sociales. Estos eventos pueden involucrar tanto actividades a pequeña escala (por ejemplo, para promover relaciones de vecindad) como reuniones a gran escala de más de 500 personas, por parte de organizaciones comunitarias. 

Para este estudio en concreto, participaron 437 personas quienes fueron anfitriones de eventos vecinales que se llevaron a cabo en 276 suburbios diversos de Australia. Las personas participantes fueron encuestadas en tres momentos: antes y después del “Día del Vecino” y al cabo de seis meses del seguimiento.

Los resultados del estudio muestran que la celebración de este evento comunitario condujo a un aumento significativo en la identificación social del vecindario, que se mantuvo seis meses después. A su vez, este aumento en la identificación social predijo una mayor cohesión social, una reducción de la soledad y una mejora del bienestar. Con todo, este estudio aporta evidencia en relación a cómo la identificación de las personas con su vecindario es un mecanismo objetivo efectivo para frenar la soledad y la fragmentación social en la comunidad. Los resultados sugieren que la prevención primaria dirigida a la identificación del vecindario a nivel individual puede superar las barreras a la conexión social y tener beneficios tanto para las personas (al reducir la soledad y mejorar el bienestar) como para las comunidades (al fortalecer la cohesión social). Esto es de suma importancia a la hora de pensar cómo la construcción de identidad social puede implementarse de manera efectiva en entornos comunitarios para beneficiar la salud pública.

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