María Luz Morales nació en La Coruña, en 1889. Se diplomó en Filosofía y Letras. Le gustaba escribir para ser periodista, una profesión no habitual para las mujeres que firmaban artículos en las revistas, pero no participaban del mismo modo en el periodismo activo.

En 1921 ganó un concurso para cubrir la plaza de dirección de la revista El hogar y la moda, de modo que dirigió la revista durante cinco años. 

En 1923 envió a La Vanguardia unos ensayos sobre Don Juan y sobre teatro de los niños. La contrataron gracias a la calidad literaria de los mismos.

En 1924 se hace cargo de la crítica cinematográfica, aunque debió firmar sus primeras críticas cinematográficas en La Vanguardia con un nombre falso: Felipe Centeno, nombre que tomó de un personaje de Galdós. 

Según Antonina Rodrigo, las críticas de María Luz Morales eran tan buenas que el responsable de Paramount Pictures se puso en contacto con ella: “Tras la sorpresa de encontrarse con una mujer joven y elegante, le confió la asesoría literaria de las películas de la productora americana. Cuando llega el cine sonoro su labor adquiere más relieve: no sólo tiene que traducir los textos, sino escribir los diálogos y adaptarlos a la fonética española”.

Posteriormente, en 1936 la nombraron directora de La Vanguardia, así se convirtió en la primera mujer que dirigió un periódico.

Según María Ángeles Cabré, estuvo siete meses en el cargo y cuenta en la biografía que ha escrito sobre ella: “Se vio obligada a aceptarla, pero ella afirmó que no tenía ni la más remota intención de hacer política y que solo haría periodismo”. 

A la vez que realizaba su labor periodística, María Luz Morales escribió literatura infantil; realizó adaptaciones de las Obras maestras al alcance de los niños (Homero, Dante, Shakespeare, Goethe, Cervantes, Lope de Vega ), publicadas por la editorial Araluce, que ella dirigía. Algunas obras pedagógicas de María Luz se convirtieron en libros de texto en países hispanoamericanos.

María Luz Morales estuvo muy ligada a la madrileña Residencia de Señoritas, que dirigía María de Maeztu. De esta relación surgió su elección como directora de la Residencia de Señoritas Estudiantes, que por los años treinta se fundó en Barcelona, en el palacio de Pedralbes.

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