El asesinato de Samuel, el joven homosexual de La Coruña, el pasado 3 de Julio, ha articulado una serie de análisis en la prensa sobre los posibles motivos y motores de esa agresión. Resulta alarmante que estos análisis a menudo sean tan superficiales y poco rigurosos, es decir, que no tengan en cuenta las principales evidencias científicas sobre las raíces de la violencia en la sociedad actual. Por ejemplo, se ha llegado a afirmar que la respuesta violenta en grupo hacia Samuel es una respuesta igual a la investigada en animales. Por otro lado, también se argumenta que casi el 100% de los videojuegos que consumen los y las jóvenes hoy en día son violentos. También se plantea, sin ninguna evidencia detrás, que la banda que propinó una paliza a Samuel no era un grupo antigais

Todas estas ocurrencias desenfocan a la población sobre la base de esta agresividad y también despistan a la ciudadanía y a las personas profesionales sobre cómo intervenir efectivamente sobre dichas realidades. De modo que, cuando no se entiende o se han utilizado ocurrencias para explicar determinadas problemáticas sociales, se puede llegar a malentendidos y malas praxis. A continuación, vamos a aportar evidencias contrastadas por la comunidad científica internacional que dan explicaciones más rigurosas que están llevando ya a actuaciones y políticas con importantes impactos sociales. 

Primero, las agresiones como las infringidas a Samuel no se pueden equiparar a ninguna respuesta animal, ya que, como señala desde hace mucho tiempo el Premio Nobel de Neurociencia Eric Kandel, la conducta humana está condicionada a las interacciones sociales. En esta línea, la sociología y la psicología de prestigio internacional ya apuntan que la socialización en modelos de atractivo violentos condiciona las conductas humanas. De modo que la construcción de un discurso coercitivo dominante donde se vincula valoración social y deseo a modelos de masculinidad dominantes explica con muchos datos por qué este tipo de agresiones perduran. 

Segundo, según los estudios más relevantes sobre uso de videojuegos en los últimos años, ya se evidencia que hay un porcentaje de juegos en el mercado que no son violentos, un 17%, aparte de que durante el confinamiento el juego gratuito más consumido fue el Animal Crossing, un juego no violento y que, según la evidencia científica, ha sido beneficioso durante la pandemia. Cabe añadir también que, si analizamos el perfil de las usuarias y los usuarios de los videojuegos, éste no es el que a menudo se visibiliza en la prensa. Investigaciones internacionales apuntan que casi el 40% de las personas que consumen videojuegos son mujeres, y que casi un 25% de su consumo está en la franja de 45 a 64 años. Esto desmonta la ocurrencia de que los videojuegos son así porque van dirigidos a los hombres. Lo que esconde todo ello es una reproducción de modelos de masculinidad tradicionales y dominantes donde se valoriza y normaliza la violencia sexista contra mujeres y personas del colectivo LGBTIQ+. 

Finalmente, tampoco se puede afirmar que el grupo de jóvenes que agredieron a Samuel no eran homófobos. La sociología y la lingüística, desde hace muchas décadas, ya han demostrado que las palabras “hacen cosas”, es decir, tienen repercusiones en la vida y comportamientos de las personas. De modo que el insulto “maricón”, es una agresión homófoba como ya ha demostrado la investigación sobre violencia hacia el colectivo LGBTIQ+, también hace muchos años. Igualmente, tampoco se pueden hacer afirmaciones sobre dicho grupo de agresores cuando aún no se han escuchado todos los testimonios, ni tenemos evidencias al respecto.  

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