Ifrah Foundation. Twitter

En 2018 hubo la primera muerte confirmada en años en un país donde las complicaciones derivadas de la mutilación genital femenina (MGF) generalmente se niegan y se atrajo la atención mundial. La muerte fue revelada por primera vez por una activista local que había sido capacitada por la fundación de Ifrah Ahmed sobre cómo utilizar los medios de comunicación para publicitar su trabajo.

Ahmed también fue víctima de MGF siendo niña y desde entonces es activista para acabar con una práctica que pone en riesgo y en muchas ocasiones acaba con la vida de las niñas. Ahmed fundó la Fundación Ifrah, que tiene como objetivo poner fin a la mutilación genital femenina en el Cuerno de África, después de dejar Somalia para establecerse en Irlanda. Sin duda, ha visto el impacto de la pandemia en la mutilación genital femenina en Somalia, donde se estima que el 98% de las mujeres se han sometido a la práctica, el nivel más alto del mundo según afirma en The Guardian.

Cuando las escuelas cerraron durante la Covid, los practicantes de la MGF iban a las casas para convencer a las madres de que sus hijas deberían ser mutiladas. En respuesta, la fundación de Ahmed capacitó a 80 mujeres en asentamientos para desplazados internos y distribuyó radios para recibir transmisiones de mensajes contra la mutilación genital femenina. Durante los últimos cinco años, su fundación ha capacitado a más de 5.000 estudiantes universitarios, parlamentarios, grupos comunitarios y líderes religiosos para que se pronuncien en contra de la práctica, desacreditando los mitos en torno a la idea de que la mutilación genital femenina es un requisito de la ley islámica.

Gracias al trabajo de las y los activistas se ha conseguido romper el silencio en estas regiones, lo que permite que las madres cada vez más sepan dónde acudir en caso de tener dudas o de querer proteger la vida de sus hijas.

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