Existe cierta tendencia a atribuir a los hijos de padres agresores el rol de futuros maltratadores. Este tipo de afirmaciones carentes de rigor se difunden en medios de comunicación y se divulgan, disfrazándose de científicos, bajo la pseudo-argumentación de que los chicos interiorizan un modelo relacional basado en el abuso del poder y el maltrato

Estos mitos se difunden con rapidez, y corren el riesgo de convertirse en una ideología asumida en la sociedad, que condena y estigmatiza a estos niños y niñas revictimizándolos y dejándoles muy pocas alternativas. 

Así, resulta especialmente cruel diseminar estos prejuicios tan dañinos cuando es habitual leer noticias en las que niños y jóvenes con padres agresores han defendido a sus madres y hermanas, a veces incluso a costa de su propia vida. Una medida para combatir esta estigmatización puede ser continuar visibilizando las historias de estos chicos y chicas valientes que superan situaciones de tanta violencia. Recientemente se ha publicado el caso de un niño de nueve años que ha escapado de su casa para denunciar los abusos sexuales de su padre a su hermana de quince

Esta historia ha ocurrido en Málaga. A principios de abril el niño llegó a la Policía Local, con visibles marcas de violencia y signos de abandono, para denunciar que su padre de 41 años abusaba sexualmente de su hermana de 15 años. Para la joven es su padrastro, ya que el agresor es la nueva pareja de su madre, la cual consistió los abusos. Actualmente el hombre se encuentra en prisión acusado de abusos continuados a la adolescente y la madre está en libertad con cargos y una orden de alejamiento con sus hijos. 

Al hacer la denuncia los policías llevaron al niño al centro de salud y comprobaron la veracidad de lo que había contado. El entorno familiar también confirmó la situación y el caso pasó al Área de Protección del Menor, adscrita a la Junta de Andalucía, que realizó los trámites correspondientes. Así se comprobó que el hombre abusaba de su hijastra desde que tenía 14 años y que esto ocurría con sus tres hermanos como testigos de los actos. Tras constatar los abusos y la situación de desamparo en la que vivían, los cuatros niños fueron retirados de la familia, pasaron a tutela municipal y se detuvo a los progenitores.

El caso que han vivido la chica y sus hermanos, lejos de ser anécdotico, contrasta con los datos tan alarmantes aportados por el informe de la Fundación Anar: Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia según los afectados y su evolución España (2008-2019). Este estudio muestra cómo respecto al perfil del agresor, ha aumentado la proporción de parejas de la madre (1,7% en 2008 a 6,2% en 2018); las víctimas son en inmensa mayoría mujeres (78,3%), de las cuales el 59,1% son adolescentes de 13 a 18 años; también, que la mayoría de los abusos sexuales se produjeron de forma reiterada (69%).

A estos datos tan preocupantes se une otro que tiene una importancia radical: el entorno está fallando. Las víctimas ya de por sí tienen dificultades para denunciar los abusos y cuando lo hacen no son apoyadas: el entorno niega los hechos en el 37,8% de los casos, justifican o encubren al agresor en un 31,1%; se da negligencia o falta de reacción en un 23,9%, y  culpan a la víctima en un 7,2%.

Toda esta información, que ya da cuenta de la gravedad de la situación actual del abuso sexual, toma rostro y se concreta en la historia de los protagonistas de esta noticia. Son necesarias medidas y políticas para atender esta problemática, pero es urgente que todos tomemos conciencia y tengamos la misma valentía que un niño de nueve años que se ha enfrentado y superado las peores consecuencias para salvar a su hermana. 

Secciones: portada