M se presentó a un contrato postdoctoral de mucha competitividad en el sistema académico. Depositó también su tesis doctoral, con el número correspondiente de copias encuadernadas, para que pasase el tiempo determinado en el departamento por si alguien quería revisar la tesis y que también la comisión de doctorado pudiera hacerlo. 

La convocatoria del contrato postdoctoral se resolvió y M fue escogida para tener uno de esos prestigiosos contratos de investigación postdoctorales con los que muchas y muchos sueñan al acabar sus tesis y muy poca gente logra tener. Sin embargo, desde el departamento le dijeron a M que no se aprobaba la tesis y le pidieron cambios.

Según normativa del contrato postdoctoral, si la tesis no estaba aceptada no se podía conceder el contrato. En el departamento le dijeron que tenía que hacer los cambios y esperar el nuevo periodo para depositar la tesis y que volviera a pasar ese tiempo de revisión. M tuvo que hacer los cambios, volver a pagar las encuadernaciones y perdió el prestigioso contrato que se le había otorgado. 

Su posicionamiento contra la violencia de género en la academia le impidió seguir su carrera en esos momentos. Su inteligencia, su perseverancia y los apoyos con los que contó no la frenaron para llegar a ser después una reconocida persona investigadora. 

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