La Academia Estadounidense de Pediatría y diferentes investigaciones e informes internacionales recomiendan evitar la exposición a las pantallas en los primeros años de vida, tal como recogíamos en publicaciones anteriores. Aunque se necesitan más estudios que nos ayuden a comprender los efectos de los medios digitales en la primera infancia, contamos cada vez con más trabajos científicos que se ocupan de analizar los impactos de estas tecnologías en el desarrollo infantil.

En este caso, el artículo Why won’t she sleep? Screen exposure and sleep patterns in young infants, publicado en la revista científica “Infant Behavior and Development”, examina la exposición a las pantallas y los patrones de sueño en bebés de 4 meses. Con una muestra de 429 familias de Estados Unidos, Reino Unido y Países Bajos, se comprobó una magnitud clínicamente significativa e inversa entre la duración del sueño de los y las bebés y la exposición a medios digitales a través de pantallas (teléfonos móviles, tabletas, televisión…). Los resultados apuntan a que, por cada hora de exposición a estos medios electrónicos, los y las bebés pierden una media de 13 minutos de sueño nocturno. Es decir, un niño o una niña que pasa una hora al día frente a alguna pantalla puede estar durmiendo alrededor de una hora y media menos de lo que debería durante esa semana.

Estos hallazgos concuerdan con estudios realizados con niñas y niños más mayores y con personas adultas y la investigación alerta de que estas alteraciones del sueño provocadas por la exposición a las pantallas pueden afectar negativamente al desarrollo de los y las bebés. Los dispositivos electrónicos que emiten luz a la hora de dormir pueden incluso llegar a retrasar el ritmo de secreción de melatonina, una hormona necesaria para el sueño y que se activa en los primeros meses de vida, lo que puede provocar efectos adversos en un futuro. Además, se encuentra que el sueño materno/paterno está fuertemente asociado con el sueño de su bebé y, en los casos de las tomas nocturnas, si se utilizan pantallas mientras se alimenta al bebé pueden llegar a provocarse alteraciones biológicas tanto en el propio sueño como en el de sus hijos o hijas al introducir la exposición a una luz que deprime el sueño.

A la espera de estudios longitudinales sobre estos efectos en el sueño y en el desarrollo cognitivo y de la salud a lo largo de los años, los hallazgos presentados en este artículo sugieren consecuencias potencialmente perjudiciales en los patrones de sueño, con alteraciones a largo plazo. Por ello, apoyando estudios previos de la Academia Estadounidense de Pediatría e informes de la OMS, la investigación concluye con la recomendación de reducir al mínimo la exposición a las pantallas en menores de 18 meses de edad, evitándola todo lo posible en bebés, para no provocar alteraciones en los patrones de una necesidad básica para el desarrollo como es el sueño.

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