En primera instancia, cabe atribuir a la incauta una palpable memez, mas hay que mesurar las críticas y buscar en lo recóndito del alma humana. Ha saltado a los medios de comunicación que una mujer de mediana edad ha sido estafada en un portal de relaciones. Ni más ni menos que 118.000 euros han volado de su cuenta bancaria a la de un presunto futuro novio que ha resultado ser un engaño. La sed de amor es capaz de nublar el entendimiento, y necesitar amor no es ni delito ni banalidad.

El estafador lo tenía todo bien estudiado. Dotarse en los mensajes intercambiados de una aureola épica al presentarse como un general del ejército de los Estados Unidos en misión humanitaria en Afganistán. Los correos cada vez más íntimos derivaron en la proposición, por parte del hombre, de abandonar el ejército para reunirse con ella y establecer una relación estable. Sin embargo, para ello debía pagar una indemnización, dinero del que no disponía automáticamente ya que lo guardaba en una caja de seguridad en Alemania. En cuanto dejara Afganistán, tendría acceso a él y le devolvería el anticipo. La ceguera de amor le costaría a la mujer centenares de euros, y un desengaño brutal cuando él dejó de escribirle. 

Ha denunciado la estafa a la policía, y ojalá el truhán sea localizado y reciba la punición correspondiente. De lo que ella no será resarcida es de la decepción, ni tampoco la sed de amor le habrá sido satisfecha.  

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