Satisfacer las necesidades básicas para un desarrollo positivo de la infancia no es una competencia exclusiva de los entornos familiares, sino un derecho que debe garantizarse desde las comunidades y la sociedad.

El artículo How societal responses to COVID-19 could contribute to child neglect, publicado en la revista científica “Child Abuse & Neglect”, documenta los impactos psicosociales de la pandemia en niñas y niños en Canadá como parte de un estudio longitudinal para el que se continúa recogiendo información de seguimiento de más de 400 familias. Este artículo presenta los primeros datos, obtenidos entre el 29 de abril y el 10 de mayo de 2020, en el periodo más severo del confinamiento por COVID-19, cuando se cerraron todos los centros educativos. Los resultados demuestran carencias y falta de apoyo a las familias por parte del sistema para garantizar el desarrollo de la infancia en tres ámbitos: necesidades cognitivas y afectivas, seguridad y cuidados básicos (atención sanitaria, alimentación, vivienda y ropa).

En cuanto a las necesidades cognitivas y afectivas de la infancia, en tiempos de pandemia deben estudiarse a fondo las consecuencias del cierre global de escuelas. La investigación demuestra que debería prevalecer el derecho a la educación y, siempre que puedan garantizarse condiciones de seguridad, habría que priorizar la reapertura de escuelas por el alto impacto en la desigualdad y en la violencia contra la infancia que produce su cierre. Asimismo, deben asegurarse las condiciones necesarias para eliminar la brecha digital en el aprendizaje en línea. En relación con las necesidades afectivas, se señala que podría permitirse de forma controlada la existencia de pequeños círculos “burbuja” de seguridad que permitieran a las niñas y niños el contacto con al menos algún amigo o amiga.

Garantizar la seguridad integral de la infancia fue otro punto débil de la sociedad. Durante el confinamiento por la pandemia COVID-19, muchos servicios de protección infantil perdieron el contacto con menores en riesgo y disminuyeron las denuncias por violencia física, sexual y emocional, ya que la mayor parte de los casos de sospecha se notifican desde organizaciones comunitarias y centros educativos, que estaban cerrados, y desde miembros de la comunidad con quienes estaba restringido el contacto social. Por ello, deben reforzarse todos los mecanismos para garantizar que los niños y niñas no permanezcan encerrados con sus agresores y promover mecanismos eficaces para detectar y frenar lo antes posible la violencia en situaciones de confinamiento.

El tercer punto que se necesita reforzar son los cuidados básicos. En muchos casos, la atención sanitaria a la infancia disminuyó y durante el confinamiento se llegó a aconsejar a las familias que pospusieran la vacunación rutinaria de menores de 2 años. Cuando se procedió a la reapertura de los centros comerciales, no se dieron indicaciones claras para reanudar también el control sanitario. Otra necesidad básica para la infancia es el acceso a los alimentos, que para muchos colectivos se asume desde organizaciones benéficas y escuelas que permanecieron cerradas. En este sentido, se necesita una organización integral con capacidad para satisfacer las necesidades nutricionales de la población más vulnerable.

La investigación concluye que se necesitan más esfuerzos para que las sociedades de todo el mundo creen sistemas integrales eficaces que compartan con las familias la responsabilidad de garantizar las necesidades de la infancia. Los indicadores identificados en esta investigación pueden ser un buen punto de partida para organizar una respuesta social eficaz que minimice los impactos psicosociales negativos en la infancia, a corto y a largo plazo, en tiempos de pandemia.

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