Normalmente, las personas pensamos que tenemos nuestros criterios y valores bien establecidos y, cuando nos imaginamos ante diferentes situaciones complicadas, tenemos muy claro cómo actuaríamos. Aunque hay personas valientes que sí lo hacen hasta las últimas consecuencias, también hay personas que sopesan esa escala de valores cuando están delante de la realidad antes imaginada. Por miedo a recibir acoso sexual de segundo orden -SOSH-, por desconocimiento, por socialización, o sea cual sea el motivo, es importante tener unas buenas amistades y un buen apoyo para que la unión haga la fuerza y todos y todas actuemos ante cualquier injusticia y acabar con la violencia. 

En esta misma línea, la ciencia ya ha detectado qué es lo que mejor funciona, tanto desde la prevención como desde la actuación y la resolución, cuando ya se ha producido un acoso. En el primer caso, tenemos una de las actuaciones educativas de éxito, concretamente el Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos, que tiene un impacto social ya demostrado. 

Por el otro lado, cuando ya se da una situación de acoso, para pasar de víctima a superviviente es vital tener apoyo. En el artículo BraveNet Upstander Social Network against Second Order of Sexual Harassment se ahonda en la creación de redes para proteger a quienes protegen. Aunque sabemos que una actuación bystander es una manera muy eficaz de intervención ante una situación de acoso, no siempre es fácil mediar cuando se conoce una situación. Además, las investigadoras presentan medidas para incentivar la intervención y el apoyo a las víctimas, ofreciendo protección a las personas que más lo necesitan. Para ello se presenta un estudio realizado a entidades que forman parte de la Plataforma Unitaria Contra la Violencia de Género y se analizan las actuaciones que estas entidades o personas que forman parte de las mismas hayan podido llevar a cabo ante situaciones de violencia de género y de potencial acoso de segundo orden, ocurrido en los hogares durante el confinamiento y actual pandemia. 

Tal y como lo resume la investigación, el apoyo que brinda una red ante situaciones de violencia tiene impacto a tres niveles: a corto plazo, a medio plazo y por último, a largo plazo. 

A corto plazo, encontramos impacto en promover actitudes de apoyo y una atmósfera de aliento a todas aquellas personas que se atrevan a apoyar a las víctimas durante la pandemia o en actuaciones para concienciar a vecinos, familiares y demás personas potenciales bystanders para que unan fuerzas y presionen hacia un cambio social y futura legislación. Muy importante también es hacer que las mujeres encuentren contextos de seguridad para que consigan romper el silencio y aumentar su seguridad y la de sus hijos e hijas.

A medio plazo, el impacto incluye, entre otras medidas, crear un contexto social a favor tanto de las víctimas como de quienes las defienden y ofrecer recursos institucionales y comunitarios a los que recurrir para encontrar soluciones a la VdG y al SOSH y definir estrategias comunes para erradicarla.

Finalmente, el impacto social a largo plazo, de lo que las víctimas y la sociedad en general se podrían beneficiar, puede pasar por legislar el SOSH a todos los niveles, siguiendo el modelo del Parlamento Catalán, formar en base a evidencias científicas en ámbitos educativos, familiares, empresariales sobre el SOSH y promover un posicionamiento claro en contra de cualquier tipo de acoso. 

Cambiar las estructuras de la sociedad no es fácil y requiere su tiempo, pero a hombros de gigantes, teniendo los valores de justicia, respeto y libertad claros, contando con apoyo de amistades fuertes, será posible erradicar, entre todos y todas, la violencia hacia quienes luchan por apoyar a las víctimas.

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