¿Cuántas mujeres habría en el jurado que en 1992 premió “Sin perdón” cómo mejor película? Probablemente, ninguna. Violencia en estado puro es lo que aporta Clint Eastwood en este film recientemente programado en televisión. Han transcurrido casi treinta años y los críticos le otorgan cuatro estrellas; críticos, puesto que apenas existen mujeres en la crítica cinematográfica.

¿Qué encontramos en “Sin perdón”? Armas, jactancia de quien ha matado a más hombres, competencia entre quién es el más asesino. Violenta y repetitiva, no despierta el menor interés, salvo que sea en espíritus depredadores. Una paliza gratuita, una tortura en forma de azotes, la palabra matar la más pronunciada, disparos y muertes que resultan incontables. Y para mayor vergüenza, la pretensión de que tres hombres quieren vengar a una prostituta lesionada a cuchilladas cuando en realidad matan por dinero.

Visionar la película en 2021 y no repudiarla, dejándola sin estrellas, da la medida de cuán poco se ha avanzado en favor de la concordia y contra la violencia. Da la medida de la escasa relevancia de la mirada femenina. Subraya que el patriarcado toma muchas formas.

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