En 1981, de espaldas a la comunidad científica internacional y con más de veinte años de retraso, comenzó a impulsarse en España la concepción del aprendizaje significativo de Ausubel como referencia para el proceso de reforma curricular que culminó con la aprobación de la LOGSE en 1990. En esa misma época, la ciencia ya estaba presentando a nivel internacional numerosas evidencias de las mejoras educativas logradas a través de proyectos como el de Escuelas Aceleradas (Levin, 1986) o Success for All (Slavin, 1987) y comenzaban a ver la luz también las primeras evidencias científicas de la democratización del éxito académico que mayor impacto ha tenido hasta el momento en educación, la concepción del aprendizaje dialógico y su concreción en las llamadas Actuaciones Educativas de Éxito que había iniciado Flecha en 1978 con la transformación de escuelas en Comunidades de Aprendizaje. Sin embargo, quienes entonces mandaban en la educación en España decidieron promocionar la segregación educativa legitimada por la teoría racista de Ausubel que no contó jamás con sustento empírico o teórico y continúa sin existir evidencia alguna de mejora de los resultados en ninguna escuela del mundo en que se haya aplicado.

El artículo “Ausubel’s meaningful learning and educational segregation”, publicado en REMIE, analiza cómo se produjo la promoción en España de esta y otras pseudoteorías sin base científica y sus efectos devastadores para la inclusión y el éxito académico del alumnado, especialmente en los contextos socioeducativos más vulnerables. Además, aporta las claves de la línea dialógica de investigación que está co-liderando a nivel internacional la actual transformación y mejora de todas las ciencias y, por consiguiente, de la sociedad, y evidencias acerca de cómo las Actuaciones Educativas de Éxito logran mejoras mayores y más rápidas en centros educativos muy diversos en función de la calidad, frecuencia e intensidad de su implementación y en la medida en que no se mezclen con pseudoteorías como las de Ausubel. Por tanto, no basta con que el profesorado conozcamos e implementemos las evidencias científicas en nuestras aulas, sino que a su vez debemos eliminar todas aquellas prácticas y teorías no contrastadas, ya que están perjudicando el aprendizaje y el desarrollo y contribuyendo a aumentar las desigualdades socioeducativas entre la población más vulnerable.

Afortunadamente, la ciudadanía reclama cada vez más el derecho a conocer y beneficiarse del conocimiento científico, también en materia educativa, y al respecto ya contamos con recursos de acceso abierto como la plataforma Adhyayana que nos permiten distinguir entre evidencias científicas y bulos para garantizar que estos últimos no se cuelen en nuestras aulas y poder brindar a todas las niñas y niños la mejor educación posible.

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