En Jordania, la vacunación pública, es decir, gratuita, incluye a refugiados, desplazados y solicitantes de asilo. Así lo atestigua la ACNUR, y no es un asunto menor, dado que el país alberga alrededor de 750.000 personas refugiadas, amén de las otras dos categorías. 

Este Estado del Oriente Medio fue de los primeros en adoptar medidas estrictas para frenar la Covid-19, mayormente en forma de cuarentena, confinamiento y toque de queda. Fue en septiembre de 2020 cuando se detectó el primer enfermo de coronavirus entre la colectividad refugiada, pasando a ser algo más de 2.100 las personas contagiadas cuando han transcurridos cinco meses. 

Según estadísticas globales, se comprueba que el más alto porcentaje de contagios por millón de habitantes corresponde a países occidentales, sean los Estados Unidos, sea el Reino Unido.  El orgullo de los poderosos es achatado al ser comparados con territorios más pobres. En el caso de Jordania, además de no figurar entre los lugares con mayor incidencia relativa del virus, hay que reconocerle la equidad de tratar sanitariamente igual a las personas refugiadas que a la ciudadanía de pleno derecho. 

 

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