En nuestra sociedad, a través de diferentes agentes de socialización como los grupos de iguales y los medios de comunicación, existe un discurso coercitivo dominante basado en la presión para tener relaciones sexuales, tanto por parte de las chicas como de los chicos. De esta forma se genera un ambiente en el que quienes tienen relaciones pronto y de manera frecuente son las personas “experimentadas”, y las que no actúan así son “reprimidas”. No obstante, no todas las personas renuncian a su libertad cediendo a este discurso coercitivo dominante. Nos centraremos en esta situación desde la figura del chico en las relaciones heterosexuales.

La investigación nos señala que desde muy jóvenes se reproduce un mensaje que genera presión en los chicos que aún no han tenido relaciones con su pareja o que no lo han hecho con ninguna chica. Se dice “no seas un pringao”, “despierta”, “aprovéchate, que está buenísima”. Esos mensajes, que suelen llegar de otros chicos, limitan enormemente lo que la sensualidad y el deseo pueden ofrecer y, a la vez, ridiculizan a cualquiera que no siga sus patrones. Sin embargo, tenemos muchos ejemplos de chicos y hombres que no son así. Los chicos que actúan desde el modelo de las Nuevas Masculinidades Alternativas son un ejemplo de ello. De hecho, se caracterizan por no caer en presiones y en discursos coercitivos gracias a la seguridad, aspecto clave en su forma de actuar y entender las relaciones sexo-afectivas.  

Por ejemplo, este es el caso del protagonista de la película “Amor bajo el espino blanco”, Lao San Jianxin, que resulta siempre un ejemplo de respeto a la vez que de seguridad y atractivo. Muestra muy claramente que un chico que espera no es un “pringao”, es un chico que vale la pena y que resulta muy deseable. De hecho, es el tipo de chico, como ya hemos señalado previamente en este Diario, con el que se disfruta mucho más. Un chico ideal que se entrega, que cuida pero que además lo tiene claro y lo hace desde la seguridad y la fuerza de los sentimientos, del valor de la solidaridad, del amor  profundo y de la pasión.

Asimismo, desde los hombres que defendemos las NAM se entiende que la sensualidad, el deseo y el sexo no se limita a las limitaciones impuestas por el discurso coercitivo, al contrario, se ve en el sexo algo más amplio, más diverso, más profundo; las relaciones son interpretadas con muchos matices que generan placer y satisfacción. Como ya apunta la investigación, el grupo de iguales, los compañeros y amigos son claves para fortalecer esta seguridad y este posicionamiento que permite no caer en el discurso dominante. Esto genera a la vez la posibilidad de mejorar las relaciones en el grupo de iguales, porque se produce una liberación respecto a ese discurso dominante, que impulsa y reencanta, también las relaciones de amistad.

Ojalá que relatos como los que muestra “Amor bajo el espino blanco” puedan ser una inspiración para muchos chicos, chicas, niños, niñas y personas adultas.

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