Francisca de Pedraza fue la primera mujer en España que consiguió en el siglo XVII una sentencia de separación matrimonial. Tras sufrir el maltrato físico y psicológico de su marido, Jerónimo de Jaras, Francisca denunció su situación ante la justicia civil en 1619 y ante instancias judiciales eclesiásticas, en 1620 y 1622. Finalmente, en 1624, tras presentar hasta cinco demandas de divorcio, consiguió obtener una sentencia de separación matrimonial, la devolución de su dote y el equivalente a una orden de alejamiento. Gracias a la jurisdicción universitaria y a la figura de Álvaro de Ayala, uno de los rectores más ilustres y progresistas de la época, Pedraza dio fin a su lucha contra la violencia de género que sufría. 

Su vida se dará a conocer en forma de obra teatral en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en su programación de 2021. Basándose en los documentos históricos que narran la vida de Francisca, el escritor y director teatral Borja Rodríguez ha elaborado el guión de esta obra que, bajo la batuta de la actriz, coreógrafa y escritora Fresdeswinda Gijón, narrará el caso después de 400 años.

Las primeras demandas impuestas por Pedraza se resolvieron dictaminando un “cambio de conducta en el maltratador”. Pero, al no cesar las agresiones, Francisca continuó su reclamo por lo que en esa época se entendía como un divorcio: la posibilidad de que la mujer pudiera tener un domicilio distinto al del marido y la devolución de la dote. Además, esta sentencia fue de lo más revolucionaria, ya que implicó también una “orden de alejamiento” de su maltratador y todo su círculo social. Desgraciadamente, no supuso un precedente y pasaron siglos hasta sucederse casos similares. 

Esta historia sirve de inspiración para una apuesta teatral que pretende concienciar y sensibilizar al público ante la violencia de género, una problemática que, como puede verse a través de la vida de Francisca, mujeres y hombres vienen denunciando desde hace siglos. La figura de esta mujer supone un referente a visibilizar pues su valentía es innegable. Además, tiene una finalidad transformadora, ya que pone el punto de mira en la violencia de género y trata de remover conciencias en torno a la idea de que se trata de un problema actual muy grave, con siglos de pervivencia, que únicamente acabará aunando esfuerzos colectivos.

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