El pasado 5 de noviembre del 2020 se celebró, por primera vez, el Día Internacional contra la violencia y el acoso en la escuela, incluyendo el ciberacoso. Este medio informaba que, según la UNESCO, uno/a de cada tres estudiantes había sido víctima de violencia por parte de sus colegas. Las cifras son demoledoras, igual que sus consecuencias. 

En el artículo Perceived long-term outcomes of early traditional and Cyberbullying victimization among emerging adults, las investigadoras analizan el impacto a largo plazo que el acoso y el ciberacoso sufrido en la infancia y primera adolescencia (o así llamadas personas adultas emergentes) han supuesto para este segmento de la población. Utilizando el método interpretativo biográfico-narrativo, se ha trabajado con 10 personas de entre 19 y 25 años que en edad temprana habían sufrido acoso tanto online como no. 

Teniendo en cuenta que haber sido víctimas de este tipo de violencia generó consecuencias en múltiples áreas de sus vidas como el afrontamiento de conflictos, ansiedad o autoestima, es indispensable eliminar este tipo de acoso. Por ejemplo, el estudio indica que las víctimas buscan entender el motivo por el cual han recibido este tipo de agresión, hasta llegar a culparse (“qué he hecho mal”) y pensar que debían cambiar la manera de hacer las cosas para no sufrir bullying. 

Afortunadamente, y sería interesante que todas las personas que hayan tenido que afrontar este tipo de ataques recibieran ayuda y formación basada en evidencias científicas para superarlo, hay elementos que pueden transformar la situación de acoso y llegar a tener un impacto positivo. Tres de las personas participantes en el estudio resaltaron, por un lado, la amistad como elemento superador y, por el otro, haber perdido el miedo y empatizar con otras víctimas para convertirse ellos/ellas mismas en bystanders activos

Haber cambiado la percepción sobre la amistad y ser una persona crítica sobre qué es lo que la amistad verdadera implica (alguien quien es amigo/a te ayuda en caso de necesitar ayuda), construir amistades con otras víctimas y poderlo superar conjuntamente o escoger tener una relación de amor romántico huyendo de la violencia, son evidencias de que con la ayuda adecuada se puede superar cualquier tipo de acoso. 

Ser víctima de acoso no es culpa de la persona que lo sufre, sino de un tipo de socialización que se fundamenta en un modelo tradicional de violencia. Por suerte, cada vez hay más investigación con impacto social que presenta resultados para cambiar el modelo tradicional, cada vez más se estudian medidas para reducir esta lacra social con actuaciones de éxito desde edades tempranas como, por ejemplo, el Club de los Valientes y también ofreciendo evidencias sobre otro tipo de masculinidades.

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