Egeria

Apenas se conocen los datos biográficos de Egeria, algunos estudiosos de su figura piensan que posiblemente era originaria de la provincia romana de la Gallaecia, en la provincia de Hispania, y otros la sitúan en la comarca de El Bierzo, en la Gallaecia interior.

Tampoco su nombre nos ha llegado con mucha seguridad de que sea el real.

Conocemos a esta mujer porque Pedro Diácono, abad de Montecassino recurrió a los escritos de una antigua dama romana para ilustrar su catálogo De Locis sanctis, en 1137. Y gracias a su condición de cristiana, ya que si hubiese sido pagana no habría recogido su obra.

Egeria había viajado por los lugares santos del Cristianismo: Belén, Nazaret, la iglesia del Santo Sepulcro, el Monte Sinaí. Realizó el viaje entre 384 y 381.

Esta viajera recogió sus impresiones con mucha precisión del viaje y de los lugares visitados en un libro titulado Itinerarium ad loca sancta, es el relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia en España, escrito por una mujer.

Sus descripciones se encontraban repletas de detalles y apreciaciones personales que denotaban que Egeria era una dama de cultura.

El manuscrito está redactado en latín vulgar, lo que ha sido de gran utilidad para estudiar la transición del latín clásico al tardío.

En él escribía sentidas cartas a sus amigas a quienes extrañaba muchísimo, describiéndoles los lugares que visitaba y las gentes que allí conocía. Además, lo hacía en un estilo distendido y alegre.

Así, les escribió acerca de la decepción que llevó al visitar la zona cercana al mar Muerto donde según el Génesis la mujer de Lot había quedado convertida en estatua de sal al volverse a contemplar la destrucción de Sodoma: “Creedme, venerables señoras, lo que es propiamente la columna no aparece por ningún lado, lo único que enseñan es el lugar que debió de ocupar”. “Y desde luego, cuando nosotros inspeccionamos aquel paraje, no vimos estatua por ninguna parte, no puedo engañaros al respecto”. 

La parte que se conserva de su libro data ya de su estancia en Jerusalén, desde la que realizó distintos viajes destinados a conocer martyria (tumbas de santos), cuevas de eremitas y lugares mencionados en las Sagradas Escrituras

Como ya hemos dicho, primero fue Pedro Diácono, abad de Montecassino, quien la mencionó por considerar de gran valía los escritos de esta viajera, con la intención de que no se perdieran.

En 1884, un filólogo italiano de nombre Gian Francesco Gamurri encuentra el libro de Egeria traspapelado en una antiquísima biblioteca de Arezzo. La belleza de las notas le fascinó.

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