La Comisión de Calidad de la Atención (CQC) de Reino Unido ha publicado el 20 de enero un informe sobre el Servicio de Desarrollo de Identidad de Género (GIDS) del país. La investigación de la CQC se realizó debido a las preocupaciones de tanto profesionales de la salud y El Comisionado de la infancia del país, como la ciudadanía, movimientos sociales, y pacientes, como se ha publicado en diferentes ocasiones.

El Servicio de Desarrollo de Identidad de Género es un servicio de carácter sanitario al que acuden personas menores de 18 años con características de disforia de género a través de derivación médica o de otros profesionales sociales, educativos o de organizaciones voluntarias. De acuerdo con el informe, “la disforia de género describe una sensación de malestar que una persona puede tener debido a la falta de correspondencia entre su sexo asignado al nacer y su identidad de género. La disforia de género provoca un malestar clínicamente significativo y/o un deterioro del funcionamiento social, laboral o de otro tipo. Puede ocasionar un mayor riesgo de sufrir angustia o discapacidad”. El Servicio de Desarrollo de Identidad de Género realiza evaluaciones a las personas menores de 18 años que acuden y deriva a otros recursos a quienes puedan necesitar un tratamiento médico especializado (por ejemplo, prescripción de medicamentos que pausan los cambios físicos de la pubertad y las hormonas) o psicosocial.

El resultado del informe es que el servicio es evaluado como inadecuado, y se ha calificado de manera negativa su seguridad, entre otras cosas, porque las personas trabajadoras no recogían de manera consistente la competencia, capacidad y consentimiento de pacientes remitidos para tratamiento médico. Además, el informe destaca que la evaluación y gestión de los riesgos de las personas pacientes no siempre era buena, especialmente al tratarse de jóvenes en situaciones vulnerables. Por ejemplo,  el equipo de trabajo no realizaban un plan para gestionar los riesgos que presentaban; y no siempre colaboraban de manera efectiva con otras agencias para protegerles. Asimismo, el equipo que trabajaba en este servicio no tenía la formación suficiente para tratar con este grupo de riesgo, y no siempre se basaban en los resultados de las revisiones clínicas en las que participaban para ayudar a pacientes. El informe pone de manifiesto el daño que se hace a menores y al feminismo cuando se actúa en contra de las evidencias científicas. 

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