El pasado martes saltaba a los medios la noticia de que tres menores, de entre 14 y 17 años, habían abusado de una chica de 15 años. Según informa el medio riberaexpress.es, dos de los chicos eran conocidos porque acuden al mismo instituto de secundaria en el que estudia la joven. Al parecer, se ofrecieron para acompañarla a su domicilio y de camino la persuadieron para que entrara con ellos en el garaje comunitario de un edificio que no era el suyo y allí la forzaron sexualmente. La entrada de un vecino en el parking interrumpió la agresión y gracias a ello consiguió llegar a su casa sola, contar lo ocurrido y acudir a la policía nacional que la trasladó al hospital donde le practicaron un exhaustivo reconocimiento, tras el que interpuso la denuncia.

La familia de la adolescente, además de las secuelas psicológicas que manifiesta desde el ataque como, por ejemplo, no poder conciliar el sueño o llorar constantemente desde entonces, ha lanzado un mensaje al resto de niñas, adolescentes o jóvenes para que no se fíen de nadie por mucho que sean conocidos. Un razonamiento muy comprensible cuando se sufre un golpe tan duro como éste. 

Sin embargo, las investigaciones cada vez revelan más el papel tan importante y crucial que las amistades y el grupo de las o los iguales juegan en la adolescencia en la prevención de la violencia de género. El reciente artículo publicado en MDPI Journals Your Friends Do Matter: Peer Group Talk in Adolescence and Gender Violence Victimization muestra un estudio realizado en clases de secundaria con adolescentes de 14 a 15 años con el fin de comprobar si el Discurso Dominante Coercitivo (DDC) se manifiesta en las relaciones entre las y los iguales de estas edades y cómo afecta en los patrones de atractivo y los comportamientos afectivo-sexuales de las personas más jóvenes.

Los resultados de la investigación muestran que sí: el DDC frecuentemente se reproduce a través de las interacciones entre el grupo de iguales, pero también evidencian que no todas son iguales y que existen formas alternativas de interacción que abren la posibilidad de una socialización más libre de toda esa coerción, a través de la cual las chicas y los chicos pueden construir relaciones más saludables. 

En su análisis, las autoras Racionero, Duque, Padrós y Molina, demuestran que el grupo de iguales, a través del lenguaje del deseo, tiene la capacidad de dotar y proyectar el atractivo de unas personas u otras o, por el contrario, de vaciarlo. En relación con esto, uno de los hallazgos más significativos es que las chicas cuentan cómo han transformado la visión de algún chico en particular después de que las amigas hicieran referencia al mismo en sus conversaciones, viéndole más deseable o a la inversa, mucho menos atractivo si no ha salido bien parado en su charla. 

Así pues, se constata que, dependiendo de los valores que prevalezcan en él, el grupo de iguales juega un papel esencial a la hora de reproducir modelos de atractivo que perpetúan y fomentan la violencia de género o, por el contrario, de promover modelos alternativos que la superan. Debido a sus implicaciones, las y los jóvenes necesitan, es muy importante que los programas educativos y de salud preventiva dirigidos a prevenir la violencia de género incluyan las aportaciones de las evidencias y que sean conscientes de que pueden elegir verdaderos amigos y amigas, quiénes son éstos y si sus valores promueven la elección de relaciones libres de violencia de forma que puedan ejercer el derecho a disfrutar de relaciones libres, seguras, igualitarias desde el primer momento y a lo largo de toda su vida.

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