La princesa Alicia, duquesa de Hesse-Damstadt, nació en Londres, en 1843. Aunque fue miembro de la familia real británica, siempre destacó por su sensibilidad ante la gente desfavorecida.

Alicia fue educada por su padre y por Christian Friederich Freiherr von Stockmer. Pronto la princesa demostró empatía por las demás personas, de modo que le llamaba la atención el mundo de fuera de la Casa Real y cuando estaba en Balmoral solía visitar a las personas que vivían y trabajaban en su propiedad. En una ocasión, se escapó de su gobernanta en la capilla del castillo de Windsor y se sentó en un banco público para poder comprender mejor a las personas que no seguían el protocolo real.

Alicia fue duquesa de Hesse-Damstadt por matrimonio, de modo que vivió siempre lejos de su país. A esta princesa lo que de verdad le interesaba era la enfermería, reconoció en algú momento de su vida que le habría gustado ser enfermera, de manera que se hizo amiga de Florence Nightingale, de quien aprendió a cuidar a los heridos en la guerra contra Prusia, lo que la enfrentó a su familia, a quien no le gustaba  su interés por la enfermería; llegó a ser una buena profesional.
Desde siempre había mostrado un gran interés por esta disciplina, incluso cuando su padre enfermó cuidó de él hasta su fallecimiento. 

Así cuando estalló la guerra Austro-Prusiana, con la ayuda de su amiga, la enfermera Florence Nightingale, organizó en Darmstadt hospitales para los heridos en los que aplicó sus novedosas ideas sobre enfermería.

A pesar de la tristeza que sentía por la muerte de su hijo Federico, Alicia continuó con sus deberes; utilizó su posición de duquesa de Hesse-Damstadt para continuar con su labor social de ayudar a los más necesitados y mejorar las condiciones de los hospitales. Una de sus acciones más importantes fue la fundación de la Casa para Mujeres Embarazadas en Heidenreich. También creó el llamado Sindicato de las Damas, una institución cuya función debía ser la enseñanza de la enfermería a las mujeres. 

Otro de sus intereses fueron el arte y la cultura que la ayudaban a ser más feliz dentro de su soledad.

La muerte de Alicia causó un impacto emocional tanto en Gran Bretaña como en Hesse. The Times escribió: «Las personas más humildes se sentían afines a la princesa,  (…) Su abundante compasión buscó fuentes de ayuda para el gran desperdicio desconocido del sufrimiento humano».



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