En numerosas ocasiones, en los medios de comunicación observamos la utilización de la imagen de la mujer con un interés únicamente comercial. La “receta” siempre es la misma y la masculinidad tradicional y hegemónica lleva mucho tiempo usándola: un discurso coercitivo que ejerce presión para que a los chicos heterosexuales nos guste un determinado tipo de chicas con unas determinadas características. En este sentido, el problema no está en el cuerpo o en el vestido que utilicen las mujeres, sino en dar por supuesto que es esto lo que nos atrae a todos los hombres, más aún, que es lo que nos “debe” atraer.  Y el hecho de que esto ocurra, el hecho de que nos atraiga esta imagen, mujer o situación, será lo que hará que nos decantemos por la elección de un producto por delante de otro o de una cadena de televisión antes que otra. 

En otros artículos de esta misma sección hemos referenciado cómo esta presión social ejercida por el entorno de los niños, chicos y hombres forma parte de su socialización. Esta presión desde edad muy temprana les priva de poder elegir libremente un tipo de relaciones apasionadas e igualitarias a la vez. Pero este no es el único ejemplo de la presión que el modelo tradicional de relaciones impone a los chicos. En el caso de los medios de comunicación, el discurso coercitivo imperante está en relación con los gustos que se supone que un hombre debe tener, la mujer y la “receta” que un hombre debe consumir y tiene que desear, o lo que se supone que nos debe atraer a todos los hombres heterosexuales por igual.

Pero… ¿Y si a mi me atrae otro tipo de cosas? ¿Y si mi mirada está puesta en otras características de las mujeres? ¿Y si mi deseo se basa en otros parámetros que no son simplemente los que el discurso coercitivo quiere imponer? ¿Y si no me gusta que me digan qué es lo que me tiene que gustar?

Los hombres que se desmarcan de este discurso son en muchas ocasiones objeto de burlas o de risas y, también en muchas ocasiones, su masculinidad es cuestionada por otros hombres a los que la literatura científica reconoce como Masculinidades Tradicionales. Pero las Nuevas Masculinidades alternativas (NAM), en cambio, tienen la seguridad necesaria y optan por posicionarse contra este discurso coercitivo. Estos hombres se atreven a elegir libremente aquello que les seduce y también el tipo de relación que quieren tener. Ponen la mirada de la atracción en otros cánones, otras bellezas y otros valores. Los NAM son dueños de su propio deseo. 

Una vez más, la cualidades de los hombres NAM son las que nos dan la alternativa a este discurso coercitivo. La mirada crítica y de respeto, junto con la seguridad que les aporta su contexto, es la que hace que busquen el atractivo en la combinación de muchas características diversas, más allá de lo que se nos dice que nos tiene que gustar.

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