Existe a nivel internacional un debate político conectado con la violencia de género y con una de sus intervenciones. Una de estas está siendo aplicada en diferentes países del mundo, entre los que se encuentra España. Suelen llevar por nombre Terapia de reparación o atención psicológica con hombres que han ejercido maltrato hacia las mujeres. En esta entrada vamos a analizar cuáles son los datos y evaluaciones existentes sobre estas intervenciones y qué aporta también la literatura científica internacional al respecto. 

Actualmente, en España el programa más conocido que existe en este campo es el llamado PRIA-MA, Programa de intervención para agresores de violencia de género, que lleva implementándose desde 2015 como competencia propia del Ministerio del Interior. De todas formas, previamente se estaba desarrollando también con el nombre de PRIA. Se trata de un programa dirigido sobre todo a la intervención en el medio abierto y en el ámbito de las penas y medidas alternativas. En España aún no existen evaluaciones o artículos científicos que analicen el PRIA-MA, pero sí que existen estudios que ahondan en la efectividad de PRIA como medida específica. 

Respecto a estos últimos, queremos detenernos en una de las investigaciones más relevantes que se han efectuado sobre el impacto del PRIA. En el mismo artículo donde aparecen publicados los resultados, se señalan algunas de las limitaciones que queremos apuntar. Por un lado, los instrumentos de recogida de datos que utilizan las personas investigadoras. A pesar de ser tests científicos contrastados, se centran en aspectos que las evidencias científicas ya han demostrado que no siempre están relacionados con el ejercicio de la violencia como, por ejemplo, el sexismo. Otra de las limitaciones es metodológica, ya que la comparativa realizada entre el grupo control y el experimental es poco homogénea, como señalan las mismas autoras.  Además, cabe añadir un efecto que también se apunta en el artículo: los hombres agresores en las respuestas a los tests que realizan después de la intervención tienden a querer mostrar una mejor imagen. De modo que la sinceridad de las respuestas, debido a su conocimiento previo del instrumento, es también cuestionable. Por último, otra de las limitaciones que se señalan es la ausencia de datos de reincidencia. En este sentido, cabe apuntar que aquellos estudios que sí aportan datos de reincidencia se olvidan de que la denuncia no es una realidad a la que llegar fácilmente para muchas víctimas. 

De igual forma, la literatura internacional también cuestiona la efectividad de estas medidas y el importante número de limitaciones que posee. Por ejemplo, recientemente, en el año 2019, la revista Journal of Interpersonal Violence, la cuarta revista del mundo en el ámbito de la Criminología, publicaba una investigación donde aportaba luz al respecto. En dicha investigación se apuntaba que no existían datos concluyentes entre los grupos experimentales y el control que permitiesen hablar de grandes mejoras gracias a la intervención con hombres maltratadores. Del mismo modo, también se articulaba una serie de limitaciones. Una de ellas ya se ha señalado previamente: la ausencia de denuncias debido a las dificultades que puedan encontrar las víctimas. También se añaden dos limitaciones más, por un lado, se argumentaba que la reincidencia puede ir más allá de un periodo de 10 años, que son los que engloba la investigación y, por el otro, se afirmaba que muchas de las denuncias de reincidencia realizadas por parte de la policía se perdían por el camino.    

Todos estos datos ponen en entredicho la aplicación de estas medidas, que a menudo implican un coste económico muy elevado con una efectividad realmente cuestionable. Desde las nuevas masculinidades alternativas, como ya se ha señalado en otras ocasiones en este Diario, exigimos la importancia de implementar medidas que tengan un fundamento científico de impacto social y que hayan sido llevadas a debate público con la ciudadanía. Este caso tampoco es una excepción. 

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