Hace unos años, en un blog de una estudiante universitaria aparecía la siguiente descripción de lo que para ella era el pagafantas: Los hay y siempre los habrá. El típico chico que por mucho que lo intente nunca podrá ser visto de otra forma que como amigo. Te dará pena a veces pero otras muchas te alegrarás de tenerlo porque sabes que hará lo que quieras. Este tipo de definiciones y argumentos suelen mostrar un tipo de discurso y unas formas de plantear las relaciones muy conservadoras y promotoras de la doble moral. 

En la misma línea, la utilización del concepto friendzone, muy popularizado por los medios de comunicación, las canciones y las películas, contribuye a potenciar un tipo de socialización en la afectividad y el sexo muy anquilosada en el esquema arcaico de unos chicos a los que se desea sexualmente, y otros a los que no se desea, convirtiéndolos en amigos a los que poder utilizar instrumentalmente. En este sentido, desde el análisis que efectuamos en el artículo sobre nuevas masculinidades alternativas, ya argumentábamos que este esquema no es actual ni alternativo. De hecho, el discurso coercitivo dominante y el machismo ya se han encargado de fomentarlo a lo largo de los años con relación a las chicas. Se puede afirmar entonces que los mensajes sobre “estar en la friendzone” suponen alimentar aún más los planteamientos reaccionarios y sexistas que históricamente se han construido alrededor de las relaciones afectivo-sexuales. 

Las nuevas masculinidades alternativas se rebelan ante este tipo de discursos y prácticas que condenan a muchas personas a mantener relaciones insatisfactorias. Del mismo modo que critican profundamente que se encasille a los hombres igualitarios y a la amistad como ausentes de sexo y pasión. Como ya señalaba Jesús Gómez, en el Amor en la Sociedad del Riesgo, es posible combinar pasión, excitación, amistad, respeto e igualdad, no tiene porqué ser incompatible. Se pueden y deben construir discursos alternativos al de “estar en la friendzone”. Es viable hacerlo, como ya demostró Jesús Gómez. No estamos sujetos a las estructuras o discursos hegemónicos, los podemos cambiar si seguimos las aportaciones científicas y los posicionamientos realmente progresistas que existen, por ejemplo, en el campo de la educación. Hay evidencia que muestra que se pueden construir relaciones llenas de deseo y al mismo tiempo de amistad con hombres que se entregan plenamente a dichas relaciones.  

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